Mientras en Panamá se celebra el Carnaval, en sus aguas del lado Pacífico transita el barco científico alemán Sonne II (Sol), que partió desde el puerto de Balboa con un equipo internacional de investigadores a bordo, que estudiará el impacto de la circulación hidrotermal en el océano profundo (a más de mil metros de profundidad).

El ambicioso proyecto va a requerir tres campañas en total. Entre diciembre de 2014 y enero de 2015 hicieron una primera expedición con colegas del barco británico James Cook, y en esta campaña, que terminará el 6 de marzo, participan 12 científicos del Sonne, quienes colaborarán con los colegas de la nave James Cook nuevamente. En total serán entre 40 y 45 investigadores, entre geólogos y oceanógrafos.

CORRIENTES TERMALES

Aunque es difícil imaginarlo, en las profundidades del océano existen montañas y cordilleras que hasta se conectan entre sí. Estas formaciones pueden ser fronteras naturales para los organismos vivos.

Normalmente, fuentes de agua muy caliente (por el orden de los 400°C) que proceden de la corteza terrestre se “inyectan” en el océano y tienen un impacto enorme en los ecosistemas y la física de las circulaciones oceánicas. Tener un conocimiento detallado de estos fenómenos es útil cuando hay proyectos de explotación mineral y para determinar el efecto que tendría el ser humano en esa parte del planeta.

Miguel Ángel Morales, científico español que trabaja en el laboratorio del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido, y miembro de la expedición del Sonne, explica que no se ha estudiado mucho el impacto de esa circulación termal en el océano profundo en esta región.

“La cordillera de Costa Rica está a unos 3 mil metros de profundidad. La parte más profunda de la cuenca de Panamá está a unos 4 mil 500 metros. Ha habido expediciones en la cordillera de las Galápagos (al norte de las islas Galápagos), para investigar la dinámica de las fuentes hidrotermales y los ecosistemas que se forman en esa región. La cuenca de Panamá es interesante porque es cerrada, está flanqueda en el oeste por la cordillera de Cocos y al sur por la cordillera Carnegie, es fácil medir con mucho detalle el impacto de las circulaciones oceánicas”.

El científico añade que pretenden explorar toda la cuenca, desde Panamá hasta las Galápagos, y de las Galápagos hasta el continente, cubriendo una zona de unos mil kilómetros por mil kilómetros. Tomarán muestras de agua para analizar parámetros como temperatura, salinidad, concentración de oxígeno, la presencia de helio, y tomar medidas sísmicas. El helio es un gas que se produce naturalmente por la actividad telúrica por debajo de la corteza terrestre, y medir su concentración permite determinar si hay o no un componente hidrotermal en las muestras de agua, es decir, qué proporción de esa agua se origina de la corteza terrestre.

EQUIPOS

Para tomar las muestras de agua, el equipo usará una roseta que tiene varios tanques o botellas tubulares e instrumentos en el fondo que miden la temperatura, conductividad (de la cual se puede derivar la salinidad), presencia de helio y turbulencia del agua, por ejemplo, para detectar plumas de agua hidrotermal. Las botellas están numeradas y se pueden programar gracias a un cable de comunicaciones, para que recojan el agua y se cierren a profundidades diferentes.

La roseta, que se coloca en el exterior de estribor del barco, se puede llevar a profundidades de 6 mil metros. Tiene un sistema suspendido por un cable de fibra óptica, que permite enviar los datos que se toman en el fondo y verlos en tiempo real en las pantallas de las computadoras de los laboratorios en el barco.

Como dato curioso, Morales añade que es muy tradicional en la oceanografía, atar a la roseta unos recipientes de poliuretano (de los vasos que se usan para servir bebidas calientes) y recuperarlos de un tamaño reducido, como un dedal, debido a la presión.

Los colegas de Costa Rica y Ecuador que participaron en la expedición previa tomaron datos del océano superficial también. Ahora, el Sonne recuperará algunos instrumentos que lanzaron hace dos meses.

En cuanto a la financiación de la expedición, Morales comenta que todas las campañas oceanográficas son “increíblemente costosas”. Este proyecto, que empezó en 2014 y terminará en 2018, tiene un costo que ronda los 3.5 millones de libras, es decir, alrededor de 4 millones de dólares, que son financiados casi totalmente por el Consejo para la Investigación de la Naturaleza del Reino Unido, un consorcio de instituciones británicas que incluye a la Universidad de Londres, el Centro Nacional de Oceanografía y la Universidad de Oxford.

Además, el grupo tiene colaboradores internacionales en Alemania y Estados Unidos; y en esta región en Costa Rica, Colombia y Ecuador. En esta campaña, en particular, no tienen un representante de Panamá.

Hacer un muestreo y análisis de tipo biológico requeriría tener vehículos autónomos (robots) y el proyecto sería dos o tres veces más caro. “En el futuro, quizá, si nuestros descubrimientos son interesantes como espero que sean, sería posible conseguir financiación para incorporar medidas de tipo ecológico”, expresa Morales.

En un recorrido por la nave, que le costó construir al Gobierno alemán unos 124 millones de euros (alrededor de 141 millones de dólares), el capitán Oliver Meyer mostraba los distintos equipos y laboratorios a bordo, así como el puente de mando. Hay una enorme sección llena de guinches con cables regulares y de fibra óptica.

El barco también tiene un laboratorio climatizado en el que los biólogos podrían trabajar con muestras vivas de microorganismos que viven a temperaturas de unos 2°C a 4°C, y también una zona para guardar muestras congeladas a -20°C.

En otro nivel se encuentra el laboratorio de informática, donde se ve en las pantallas los datos y gráficas recopilados de las muestras.

En el océano, debido a la oscuridad, los científicos utilizan instrumentos que producen ondas de sonido que se reflejan en la corteza terrestre y se graban con micrófonos. Esta información se analiza en las computadoras y con ellas se crean mapas de los fondos del océano y de la corteza terrestre.

“Vamos a reunirnos otra vez con los científicos del James Cook para hacer un estudio sísmico. Ellos tienen hidrófonos para recibir la reflexión del sonido de las fuentes acústicas del océano, para crear un mapa de la corteza terrestre en la cordillera de Costa Rica, justo en el centro de la cuenca de Panamá”, detalla Morales.

OTROS DATOS

DIMENSIONES. El barco Sonne mide 116 m de longitud y 21 m de ancho. Tiene unos tornos alámbricos de 12 mil metros de largo para tomar muestras de las profundidades del océano.

PROPÓSITOS. Investigar volcanes, ‘