Al final del mundo, donde el frío entumece y el viento sopla fuerte, el marino José Aguayo y su familia viven en medio de la nada. Decididos a pasar más tiempo juntos, aceptaron el desafío de dirigir uno de los faros más australes del mundo para guiar a los buques que cruzan el temido paso Drake.

Considerada la más austral de las rutas de comunicación entre el océano Pacífico y el Atlántico, sus aguas han sido cementerio de más de 10 mil marineros y 800 buques desde el siglo XVII. De ahí, la necesidad de velar el camino de los marineros que las cruzan.

¿Qué hace que alguien acepte resguardar esta ruta a costa de vivir en medio de la nada? “Los niños me motivaron un poco”, cuenta José Aguayo, un marino que pasaba largos periodos separado de su familia y que desde noviembre está a cargo de la “Alcaldía del mar de cabo de Hornos”, el último punto habitado que separa Sudamérica de la Antártida.