Durante la construcción del Canal de Panamá, en el Casco Antiguo —fundado en 1673 tras los ataques del pirata Henry Mogan—, muchas familias decidieron mudarse a esta región que estuvo amurallada en sus inicios.

A principios de 1900, las familias de renombre vivieron en San Felipe hasta la decadencia después de 1950.

Conocida en la actualidad como Casa Mallet, eran dos fincas en la avenida A, llamada en los tiempos de la colonia como Carrera de Caldas y Nariño, posteriormente fueron unificadas por Nicanor A. de Obarrio, el primer dueño de estas propiedades.

Don Nicanor le vendió las dos fincas a la escritora Matilde Obarrio de Mallet (hija de Gabriel de Obarrio y Rita Vallarino) y su esposo Claude Mallet en 1906 por la suma de 10 mil dólares cada casa.

Uno de sus mayores aportes a la sociedad fue la fundación de la Cruz Roja Panameña en 1917, después de una serie de desastres naturales y siniestros.

También escribió el libro titulado Descripción de la vida colonial española en Panamá, editado en español e inglés, única recopilación conocida de la vida cotidiana a través de los usos y costumbres del medio siglo anterior a la independencia de Panamá de España.

LA RESTAURACIÓN

El proyecto para restaurar ambas edificaciones respetó la construcción original, ya que contaban con dos estilos arquitectónicos diferentes.

La que tiene color gris es hecha con madera canalera y la de concreto, de arquitectura barroca francesa, con un balcón curvo, “no muy usual en el Casco Antiguo”, de acuerdo con la arquitecta Hildegard Vásquez, de Hache Uve, S.A.

“El estilo de construcción es de la época francesa, posterior a la partida de los franceses del Canal cuando se da el input de la arquitectura francesa en el país”, destaca. Los dos inmuebles se unieron como una sola casa, y a pesar de que tienen también distintas alturas, se hizo una integración entre el elevador y la escalera.

Esta unificación implicaba crear un espacio interno comunal, que incluyera áreas de estacionamiento, esparcimiento, depósito y que sirviera para interconectar ambas propiedades.

Fue importante la utilización de acabados cónsonos en el exterior, como el plycem, que le regresará la majestuosidad de ambos edificios a pesar de sus diferencias. En el nivel superior, perteneciente al dueño, se aprovechó la terraza existente para generar espacios abiertos de esparcimiento entre ambas edificaciones.

En la actualidad, esta estructura es privada, con apartamentos particulares y locales comerciales, como un café y tienda de artesanías, y el último piso de la casa tiene piscina.