Hossam Haick, cuyo trabajo en nanotecnología le ha ganado fama mundial, dice que su éxito como ciudadano árabe de Israel demuestra que la educación no tiene fronteras y puede ser un elemento clave para resolver los problemas de la sociedad.

A pesar de tener solo 40 años, Haick es considerado una de las máximas autoridades mundiales en su campo. Además, en su tiempo libre dicta un curso online a miles de estudiantes del mundo árabe desde su laboratorio en la universidad más antigua de Israel, la Technion.

La minoría árabe de Israel representa el 20% de la población y ha tenido relaciones tirantes con la mayoría judía, las cuales se han deteriorado más todavía tras cinco meses de violencia entre israelíes y palestinos.

Los israelíes ven a menudo con suspicacia a los ciudadanos árabes, a quienes asocian con sus hermanos palestinos de la Margen Occidental y de Gaza. La población judía de Israel ha producido premios Nobel y desarrollado un pujante sector tecnológico, mientras que los árabes son echados a un lado. Tienden a ser más pobres y menos educados, son discriminados en las viviendas y los trabajos y no están bien representados en los mundos académico y de tecnología. Haick, con sus 28 patentes y un currículum de 40 páginas, es una excepción. Dice que se debe a que en lo académico lo juzgan por sus logros no por su origen étnico.