Existe un lugar en la ciudad india de Agra donde las cicatrices causadas por ataques de ácido parecen invisibles, donde las supervivientes se despojan del estigma físico y psicológico de un rostro desfigurado y comparten su traumática experiencia con la alegría de una nueva vida.
Sheroes Hangout no es un café al uso, es una especie de negocio convencional en el que nada lo es, un proyecto de la oenegé Stop Acid Attacks (SAA, Parad los ataques de ácido) que no está destinado a obtener beneficios sino a regenerar, a través de integración social y rehabilitación psicológica, unas vidas que quedaron truncadas por el ácido.
Geeta, Neetu, Ritu, Rupa y la pequeña Dolly son cinco de esos casos que ejemplifican la lucha contra una lacra que se repite en la India de forma sistemática y que destroza la vida de jóvenes convirtiéndola en el calvario anímico de tener la cara desfigurada por el ácido.
Trabajan en la cocina en la preparación de alimentos, en la sala con los clientes o cargando escaleras arriba y abajo -los fogones están en el piso superior- con los pedidos, pero ninguna de ellas duda en contarle su historia a los comensales.
“No me importa compartir mi historia con ellos, así la conocen y podrán compartirla con otra gente y generar conciencia sobre los ataques de ácido”, afirmó Rupa, que monopoliza una de las paredes del local con su colección de vestidos multicolor, demostrando que, pese al ataque que sufrió en 2008, no va a dejar de lado su sueño de diseñar moda.
Junto a la colección de Rupa, las historias de superación de la joven pakistaní Malala, tiroteada por extremistas musulmanes por defender el derecho universal a la educación, o el expresidente de Sudáfrica y premio Nobel de la Paz Nelson Mandela las acompañan en las estanterías del local, pobladas de lecturas como en cualquier café.
Entre la literatura, una pantalla muestra un video en el que cuentan, sin tapujos, lo que les ocurrió, como muestra de lo que cada año sucede en la India.

