Políglota y profundo conocedor de la cultura grecolatina, Virgilio Ortega viaja “en el tiempo” a la antigua Pompeya, poco antes de que desapareciera bajo las cenizas del Vesubio, para documentar en un libro el origen de más de mil palabras soeces.
El resultado de ese viaje es Palabrotalogía, una obra amena, culta y “nada pacata”, que guarda una estrecha relación, incluso en el neologismo del título.
En el libro, Ortega reconstruiría la etimología de centenares de voces de la lengua española.
Sin embargo ahora, el autor y director editorial de Salvat, Orbis, Plaza & Janés y Planeta DeAgostini se centra en las palabras “guarras” que “son tan buenas e interesantes como las otras, pero quizás por un pudor incomprensible han sido menos estudiadas por los especialistas”.
Ortega elige Pompeya, porque el volcán fue “una tragedia” para sus habitantes, pero “un privilegio para nosotros: ha congelado la ciudad en el tiempo”.
“Hay más de 10 mil grafitos”, comenta este autor que, cuando menciona en su libro los nombres de varias prostitutas o del “rufián” del lupanar, no se los inventa, sino que los toma de esas inscripciones.