Siempre Alice (Still Alice) evidencia el deterioro físico y mental de Alice Howland (Julianne Moore), una experta en lingüística que reside en Nueva York junto con su esposo (Alec Baldwin).

La precisa cámara de los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland no solo registra cómo va perdiendo sus facultades más básicas, sino que además evidencia cómo el Alzheimer mina a toda su familia.

El destino de Alice Howland, cuya historia está basada en el libro homónimo de Lisa Genova, es manejado por ambos cineastas como si estuviera el espectador viendo un filme de terror psicológico, en que no hay monstruos de siete cabezas ni asesinos en serie tras su presa, sino una enfermedad que devora la memoria de una mujer excepcional, así como pone en peligro la estabilidad y unidad de su clan.

Alice sufre de adentro hacia afuera, una habilidad que solo una actriz del calibre de Julianne Moore puede conseguir en la pantalla grande sin exagerar, cuando comparte a la audiencia la confusión, la tristeza y el enojo que siente Howland al ver que libra una batalla que no tiene forma de vencer.

En su discurso de aceptación del premio Oscar, que recibió en febrero pasado por esta producción, Julianne Moore abogó por los enfermos de Alzheimer y manifestó que “ojalá esto ayude a que tengan más visibilidad y en el futuro encuentren una cura”.

Luego le dedicó su estatuilla dorada al realizador Richard Glatzer, que no pudo asistir a la entrega del Oscar y que padece de esclerosis lateral amiotrófica.

Este año también veremos a Moore en el segundo capítulo de la saga de Los Juegos del Hambre, más una participación en el drama Freeheld con Steve Carell y en la comedia Maggie’s Plan, en la que compartirá cartel con Ethan Hawke.

ESCASEZ

Son pocos los largometrajes que han planteado como su motor argumental principal el Alzheimer.

No llegan a 50 títulos, esto demuestra que no es una enfermedad atractiva para los productores como sí es el cáncer, por ejemplo.

Siempre Alice se une a un reducido, aunque selecto, colectivo de producciones que han mostrado el Alzheimer. Entre ellas, mis favoritas son: El hijo de la novia (Argentina, 2011), de Juan José Campanella; y Lejos de ella (Canadá, 2006), de Sarah Polley.