La necesidad de acercarse a los clientes, especialmente a los trajinados que apenas cuentan con algo de tiempo para darse un goce al paladar, ha convertido a las camionetas en laboratorios gastronómicos que no solo ponen a prueba la habilidad de los cocineros, sino la adaptación de los clientes.
Son los foods trucks, un término que se le asignó a estos carritos de comida en Norteamérica y luego en Europa, donde el ímpetu por comer en la calle cobra auge para marcar el camino prominente de las recetas novedosas servidas al instante.
Con el volcado interés hacia la gastronomía, nuevos graduados del arte culinario ven en los foods trucks su primer chance para lanzarse a hacer sus propios negocios y, por ende, convertirse en sus propios jefes.
Este modelo “le da la oportunidad a jóvenes cocineros con ambición y creatividad de montar su propia cocina gourmet, sin la acostumbrada ruta de crecimiento a través de un restaurante tradicional”, afirma Josué Merced-Reyes, presidente de la empresa global de asesoría y promoción de restaurantes y hoteles, Inter-E-Marketing.
La rapidez en el servicio seduce a los comensales a dar una probada a las propuestas a un costo bajo. “Los clientes buscan una nueva aventura o una experiencia distinta para el paladar”, dice Merced-Reyes.
No en vano en países de Europa se hacen festivales alusivos al bocado que se come de pie y al lado de la oficina, lo que alivia perder tiempo en buscar estacionamientos, pues no solo se ahorra dinero, sino estrés. En Madrid (España), el ‘MadrEat’ convoca a miles de personas cada tercera semana del mes, mientras que en Portugal, en una cumbre del turismo gastronómico celebrada en abril, se abrió un espacio al street food o comida de calle, esto se convierte en panal de miel para críticos culinarios y blogueros de turismo.
Según Merced-Reyes, la venta de comida callejera puede crearle una buena reputación al novato chef en corto tiempo. Conozca cuáles son algunas de las opciones que hay en Panamá para degustar la comida rodante.

