Jeep goza en el Salón del Automóvil de Fráncfort de una publicidad que no buscaba, después de que en julio dos hackers tomaran a distancia el control de uno de sus carros inteligentes. Los piratas encendieron la radio, activaron los limpiaparabrisas, enjabonaron los cristales, desaceleraron el motor y desactivaron los frenos del carro conducido por un periodista de la revista Wired. Jeep retiró 1.4 millón de vehículos en Estados Unidos e hizo resurgir los temores sobre los carros conectados. El percance de Jeep “abrió los ojos de mucha gente” sobre los desafíos que enfrentaba el sector, admite Ricardo Reyes, vicepresidente de Tesla. El fabricante alemán Volkswagen prometió que antes del fin de esta década todos sus vehículos serán “smartphones sobre ruedas”. En 2020, se prevé que habrá unos 150 millones de carros conectados en circulación en todo el mundo, según la consultora Gartner. Un desafío tentador para los piratas cibernéticos. Por ahora, “el hackeo de coches no tiene un modelo económico claro. Pero cuando el carro contenga informaciones sensibles atraerá a los criminales”, prevé Egil Juliussen, de IHS. “Un carro seguro no será seguro para siempre”, reconoce Andrey Nikishin, director de prospectiva en la firma de ciberseguridad Kaspersky. Actualmente, “no es muy fácil piratear un coche en la calle, pero para un hacker profesional no es un gran desafío “si dispone de algo de tiempo”, afirma el experto. “El principal problema es el del robo de los datos” almacenados en el vehículo, sostiene. La sincronización del automóvil con los smartphones, cada vez más usados como medio de pago, son un claro ejemplo de esos riesgos.