Si bien es cierto que las religiones profesan diferentes creencias, estas pueden ser “distintas” unas entre otras, pero no deben ser “distantes” entre sí.

Este fue uno de los mensajes clave que pronunció monseñor José Domingo Ulloa, arzobispo de Panamá, la noche del miércoles en el auditorio Padre Benjamín Ayechu de la Universidad Católica Santa María la Antigua (Usma) durante un acto realizado para celebrar el aniversario número 50 de la promulgación de la declaración Nostra Aetate (“Nuestro tiempo”, en latín), un documento sobre la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas del Concilio Vaticano II.

El evento fue organizado por la Arquidiócesis de Panamá, el Congreso Judío Panameño y la USMA.

El acto se inició y finalizó con el canto Shema Israel, interpretado por el Coro Kol Haneshamá de la Congregación Kol Shearith Israel y el Coro Catecumenal. En la parte exterior del auditorio, se realizó una exposición fotográfica del viaje del papa Francisco a Israel, imágenes de la Embajada de Israel en Panamá.

El profesor Juan Planells, rector de la USMA, inauguró el evento que giró en torno a esta declaración aprobada el 28 de octubre de 1965 y promulgada por Pablo VI.

En su intervención, Planells dijo que todos “somos compañeros de un viaje hacia la verdad (...) Hoy pretendemos continuar un caminar que ya iniciamos hace un tiempo al lado de nuestros hermanos judíos, sin intención de llegar a una verdad, sino esperando que esta llegue a nosotros (...) y que, en ese caminar, juntos somos iguales y diversos, buscando que seamos uno para encontrar paz, felicidad y prosperidad para el mundo”.

Añadió que “no habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones, y no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas”.

Por su parte, el monseñor José Domingo Ulloa hizo referencia a Nostra Aetate desde el punto de vista católico, señalando que este es el documento fundacional y la carta magna del diálogo entre la Iglesia católica y el judaísmo. “Un diálogo que gracias a Dios y a los esfuerzos realizados a todos los niveles, y también por los más altos representantes de ambas religiones, continúa desarrolándose”.

Por su parte, desde la perspectiva judía, el rabino Gustavo Kraselnik afirmó que “somos participantes de una nueva realidad en la relación judío-católica, y la declaración Nostra Aetate, de la cual conmemoramos 50 años, fue el punto de inflexión sobre el cual se fundamenta esta dinámica”.

El establecimiento de relaciones entre el Vaticano y el Estado de Israel en 1993, así como la visita a Israel del papa Juan Pablo II en el año 2000, del papa Benedicto XVI en 2009 y la del papa Francisco en 2014 son evidencia de un panorama de diálogo entre religiones.

La declaración reconoce que en las distintas tradiciones de fe hay elementos de verdad y santidad, y en el apartado dedicado a la religión judía se destaca el lazo que existe entre ambas comunidades, y recuerda el origen judío de Jesús, María y los apóstoles, acota el rabino.

Agrega Kraselnik que diálogo “no es sinónimo de sincretismo, diálogo tampoco es sinónimo de disolución de la propia identidad. Por el contrario, diálogo significa que cada uno desde su lugar, desde sus creencias, desde sus textos sagrados y desde sus tradiciones debe salir al encuentro sincero con el otro. Se trata de un diálogo no para convencer, sino para compartir; no para anular las diferencias, sino para aprender a celebrarlas. Y es que judíos y cristianos tenemos importantes diferencias en nuestras visiones teológicas, pero eso nunca puede significar ni hostilidad, ni discriminación ni enemistad”.