Aquella noche la atención se concentró en Alfredo De Saint Malo, mientras ejecutaba un repertorio con un instrumento mítico. Entre los espectadores estaba el presidente Florencio Harmodio Arosemena, quien como el resto de los presentes aplaudió de pie al renombrado violinista.

Era el 22 de abril de 1929, el Teatro Nacional se convertía en el testigo silente de aquella ejecución, mientras el violinista entraba a la historia por ser el último panameño en tocar el Stradivarius Lipinski.

Tendrían que pasar 86 años para volver a escuchar el instrumento de tres centurias en Panamá.

Eso sucede esta noche, en el primer concierto del noveno Festival de Música Alfredo De Saint Malo, en un homenaje de Frank Almond, quien actualmente posee el violín, y el pianista Daniel Rippel.

El programa del “Homenaje a Alfredo De Saint Malo y su Stradivarius Lipinski”, que será ejecutado esta noche a las 8:00, incluye Tartini, sonata en sol menor, El Trino del Diablo. Una pieza compuesta por Giuseppe Tartini, el primer músico renombrado en poseer el instrumento.

Se dice que Tartini soñó que el diablo lo visitaba y le pedía su alma a cambio de la interpretación de una pieza extraordinaria. Al despertar Tartini compuso esta sonata, que también tocó De Saint Malo aquella noche del 22 de abril.

“[Por esos días] Saint Malo se encontraba de gira por el Caribe y América del Sur. Había estado ausente del país por varios años”, dice Julieta Alvarado, historiadora de música que esta mañana presentó una conferencia sobre el músico panameño, que adquirió el instrumento poco después de su llegada a Estados Unidos.

“No es cualquiera el que puede tener uno para empezar. El sonido, color, es una delicadez como un vino añejo para el paladar. Además, es un instrumento con mucha historia”, dice sobre el Stradivarius Lipinski Isaac Casal, director artístico del festival.

“Es un regalo a Panamá poder hacer nuevamente el repertorio que una vez tocó un prócer de la música erudita de Panamá”, reconoce.