Es prudente, inteligente, práctico, pragmático y recomendable aprender lenguas. Lo peligroso no es que nuestros conciudadanos aprendan otras lenguas. Es lo de menos. Lo peligroso es que dejen de pensar en la suya. Si los ciudadanos de un país dejan de pensar en su lengua materna, se convertirán en ciudadanos sublimizados del país cuya lengua adopten. Es difícil de entender. Pero así es. ¿Por qué? Porque las identidades nacionales se fraguan alrededor de las lenguas maternas.
Los estudiosos del idioma saben que es imposible separar el lenguaje del pensamiento. No son dos cosas distintas. No anda cada uno por su lado. No se puede pensar sin palabras. Sin palabras el razonamiento es inimaginable. A través de ella, a través de la palabra, se fragua el sentido de pertenencia. ¿Por qué los poderes corporativos hegemonistas insisten tanto en priorizar el estudio en inglés a edades tempranas? Porque saben que si los seres humanos sustituyen la lengua materna por otras lenguas, el inglés en este caso, será mucho más fácil cooptarlos de acuerdo con los diversos requerimientos. Lo básico del buen manejo de la lengua es que fluya sin necesidad de tener las reglas gramaticales, lingüísticas y sintácticas a mano cada vez que se abra la boca. Soy de los que cree que el español es la materia más importante de todas, y la que mejor debe enseñarse a partir de los niveles de pregrado, porque es la que permitirá aprender todo lo demás.