Hace alrededor de 200 años, millones de ostras poblaban las vías fluviales del puerto de Nueva York y Nueva Jersey, pero la recolección a gran escala y la contaminación redujeron drásticamente la población de esos moluscos en estas aguas.

Ahora, un grupo conservacionista –formado por voluntarios, científicos y defensores del medioambiente– está intentando repoblar poco a poco esas aguas, acomodando en el lecho del río ostras jóvenes, obtenidas de criaderos, cuando lo permiten la marea y el estado del terreno y también con la ayuda de botes y, a veces, de buzos.

Los integrantes y voluntarios del Programa de Restauración de Ostras (ORP, por sus siglas en inglés), informan que ya han sembrado entre Nueva York y Nueva Jersey (NY/NJ), medio millón de estos moluscos, considerados eficientes purificadores naturales, ya que en su etapa adulta cada ejemplar es capaz de filtrar alrededor de 200 litros de agua por día.

El proyecto ORP es una de las iniciativas más llamativas de NY/NJ Baykeeper (http://nynjbaykeeper.org), una organización que se autodefine como “el guardián ciudadano del estuario y puerto de NY/NJ” y que, desde 1989, trabaja para proteger, preservar y restaurar el medioambiente y los hábitats acuáticos, y planificar un futuro sostenible de una de las rías más urbanizadas de la Tierra: las cuencas y estuarios de los ríos Hudson y Raritan.

Aunque han comprobado que la reintroducción ha prosperado en un área denominada Soundview, donde las ostras están sobreviviendo, desde NY/NJ Baykeeper admiten que se trata de una tarea difícil porque la mortalidad de estos moluscos es muy alta y las autoridades no les permiten plantar una cantidad elevada, por temor a que la gente las recoja para comer su carne.

FILTROS NATURALES

“En efecto, actualmente las ostras de la zona portuaria neoyorquina no son aptas para el consumo humano debido a los altos niveles de contaminación de las aguas, en las que proliferan sustancias químicas y agentes patógenos potencialmente peligrosos para la salud”, explica la doctora Allison Fitzgerald , investigadora del ORP y NY/NJ Baykeeper, a The Guardian.

Hasta ahora, el ORP ha plantado más de una hectárea de ostras, aunque advierte que para restaurar, aunque sea en parte, este ecosistema y devolverle su perdida vitalidad, deberán colocar ostras en muchísimas hectáreas, y reconocen que solo aspiran a mejorar el estado de estas aguas, las cuales nunca volverán a ser lo que fueron porque han experimentado demasiados cambios.

“Las ostras pueden ayudar a limpiar el puerto de la ciudad, porque filtran las aguas al succionar con su cuerpo y extraer de ellas lo que necesitan y depositar el resto en forma de pequeñas bolitas que caen al fondo del río”, según Meredith Comi, directora del proyecto ORP, bióloga y experta en acuicultura.

Además de esta depuración, algunos de los desperdicios que generan los moluscos sirven de alimento para otras especies y los arrecifes que forman en conjunto pueden facilitar la reintroducción de algunos peces, crustáceos, cangrejos y aves, y proporcionar una protección natural para reducir el impacto de las grandes inundaciones costeras o marejadas ciclónicas.

Las ostras “realmente sacan del agua los sedimentos y las partículas y los depositan en el suelo, limpiando la columna de agua, mientras están comiendo”, según Allison Fitzgerald, que añade que, al construir arrecifes, estos moluscos también facilitarán con el tiempo la reaparición de otros organismos en zonas en las que el desarrollo humano ha destruido su hábitat.

CONTRA LA POLUCIÓN

“El programa de ostras de Baykeeper en NY se encuentra dentro del Parque Soundview, en el Bronx, donde hemos colocado 125 metros cúbicos de conchas, para crear la mayor extensión posible de hábitat submareal, en la parte baja del estuario del río Hudson”, informa Sandra Meola, responsable de Divulgación Política y Comunicación de NY / NJ Baykeeper.