El tráfico fue más lento que de costumbre este lunes en el centro de Buenos Aires, cuando los conductores de los vehículos pasaron muy lento por su avenida más ancha para constatar que el Obelisco, ícono de la capital argentina, efectivamente perdió su punta.

“A quienes van al centro a estas horas de la mañana les advertimos de que el tráfico va más lento que de costumbre por la curiosidad que despertó la rebanada que le pegaron al Obelisco”, avisó el comentarista de una radio local.

La punta al cielo del monumento más emblemático de la ciudad apareció el domingo ni más ni menos que en la explanada del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), a cuatro kilómetros de su lugar original, y con la posibilidad de entrar y mirar por las ventanas como si estuviera de verdad a 70 metros de altura.

Se trata de la intervención “La democracia del símbolo”, primera obra site-specific de Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) en Argentina, que tomó este ícono como eje central de un proyecto de arte público monumental.

“Me interesa generar proyectos en los que el arte escape a las fronteras de los centros convencionales de exhibición y se imbrique en el orden de lo cotidiano”, explicó el artista en un comunicado.

Según Erlich, “la relación de las ciudades con los monumentos y con lo que significa visitarlos, porque no solo lo hacen los turistas, tiene que ver con la apropiación, con el orgullo, con la pertenencia. Y el Obelisco en Argentina es un monumento que nunca ha sido pensado para ser visitado”.

Es por esta razón, y gracias a un efecto visual que hace ver el Obelisco terminado de forma plana, que Erlich se obsesionó con ofrecer la posibilidad de visitar su interior y descubrir su vista aérea por primera vez desde su fundación en 1936.