Fue una mañana soleada a finales del pasado mes de septiembre. El equipo de La Cocaleca nos citó a las 7:00 a.m. en el puerto Pedregal, ubicado en la ciudad de David, provincia de Chiriquí.
El mar estaba tranquilo. Abordamos la embarcación, unos cuantos cetáceos, conocidos como bufeos, nos dieron la bienvenida en el Parque Marino Golfo de Chiriquí.
Al avanzar, se pudo divisar el imponente volcán Barú, con una altura de mil 450 metros sobre el nivel del mar, que se erige como el guardián de los manglares del golfo.
Durante el recorrido, dejamos atrás el volcán para ver las islas de Punta Chapala y parte de la playa La Barqueta, según informó Juan Carlos Alarcón, uno de los encargados del tour, miembro del departamento de mercadeo de La Cocaleca.
Los manglares del golfo de Chiriquí y San Miguel tienen una estructura bien desarrollada y son de considerable importancia en los ciclos vitales de diversa fauna y flora marina.
Proseguimos con la aventura. Nos aproximamos a la isla de Boca Brava, con una superficie de unas 3 mil hectáreas, específicamente en la bahía de Muertos, que es un arrecife de coral y a donde solo se puede llegar en bote.
Este lugar es administrado como parte del distrito de San Lorenzo de Chiriquí, justo en frente de la comunidad de Boca Chica, a la cual se puede llegar por vía terrestre o marítima.
Paramos en playa Bongo, perteneciente a Boca Brava, una playa privada, para dejar parte del equipo que atendería a los integrantes del paseo. De allí, procedimos a realizar el avistamiento de cetáceos, en especial de las ballenas jorobadas, motivo principal de nuestra visita de aquel día.
Mientras el capitán de la embarcación fija su mirada en busca de las ballenas, a eso de las 9:00 a.m. los guías nos indican que bordeamos las islas de Gamez, Bolaños, Palenque y Paridas.
Y es así como vemos a los primeros mamíferos, una madre y su cría, los que se asoman a la superficie para arrojar vapor por su lomo, a través de un agujero llamado espiráculo.
El espectáculo de la naturaleza es hermoso. Los fotógrafos y camarógrafos procuran tomar sus mejores ángulos para que no quede duda de lo que ven.
Después de unos 25 minutos del show marino, el capitán explica que generalmente toma más tiempo encontrarlas. Luego nos dirigimos de regreso a la playa Bongo, para entonces repasar mentalmente lo vivido.
Tras un delicioso almuerzo, descansamos y nos dimos un chapuzón en las cálidas y claras aguas de la playa.












