Con su novela Drácula (1987), Bram Stoker le dio una nueva vida al príncipe rumaní Vlad Tepes (siglo XV), y creó un personaje que ha sobrevivido hasta nuestros días alimentándose de sangre.

Pero el nombre de Stoker ahora no solo está relacionado con el mítico vampiro, sino también con los premios creados en 1987 y que este año se celebran entre el 7 y el 10 de mayo por la Asociación de Escritores de Horror (Horror Writers Association - HWA), que llevan su nombre y destacan lo más sobresaliente del terror.

“Stoker separa el trigo de la paja”, afirma Marge Simon, uno de los miembros de la asociación que dio su punto de vista sobre el premio y el género de terror.

Para participar en la premiación, los postulados deben escribir sobre el género del horror, fantasía tenebrosa u ocultismo. Su obra debió estrenarse en el año de la adjudicación y estar disponible en idioma inglés. Aunque los escritores de lenguas extranjeras también pueden participar si su obra está traducida al inglés, y el trabajo se tendrá en cuenta en el año en que la traducción se publicó por primera vez.

“El propósito de HWA es promover el género sobre una base internacional”, comenta Ron Breznay. “En esta causa y en reconocimiento del hecho de que el principal criterio para los Bram Stoker debe ser la calidad, el trabajo será elegible para premios, independientemente del país de residencia del autor, ciudadanía o lengua nativa”.

En este punto, Fabio Fernandes comenta que desgraciadamente no ha visto gran participación de escritores latinoamericanos en el concurso - refiriéndose a los que viven en esta región y no a los establecidos en Estados Unidos. “Esto podría ser debido a la barrera del idioma, algo que también se ha observado en géneros como la ciencia ficción y la fantasía. La mayoría de los escritores latinoamericanos necesita contratar traductores (que es caro), así que esto también es un impedimento. Esto podría cambiar en los próximos años”.

Fernandes también señala que los escritores latinoamericanos tienen un enfoque único para el horror, y pueden llegar a ser verdaderamente impactantes. “Algunos ahondan profundamente en la realidad de los barrios marginales y los oscuros callejones de sus ciudades de origen, para mostrar tanto el horror natural como sobrenatural oculto a la vista. Creo que el terror en América Latina es un género floreciente”.

Hoy en día, los viajes al Tártaro los hacemos en compañía de escritores como Stephen King (Under the dome , 2009) y Nail Gaiman (Coraline, 2002), y aunque según Breznay los zombis son más populares ahora de lo que fueron al inicio de los premios, para James Dorr los terrores siguen siendo básicamente los mismos. “El vampirismo es polifacético, pero algo que ha destacado es la idea de una invasión de una enfermedad foránea. En los tiempos de Stoker era la sífilis, en 1980 el sida y hace unos meses el ébola”, dice.

En cuanto al nuevo auge de historias juveniles con temas paranormales, J. G. Faherty explica que el romance y las aventuras paranormales siempre han existido y son subgéneros totalmente aceptables. “Mira a Peter Pan o Alicia en el país de las maravillas. En los años de 1980, había novelas de vampiros y hombres lobos que eran exactamente como los romances paranormales de hoy en día”.

Por su parte, James Dorr cree que lo realmente importante es que la historia esté muy bien escrita, sin importar su particular “sabor”.

Pero los monstruos clásicos siempre tendrán la capacidad de volver y atemorizar. “Hay suficiente carne en esos viejos huesos para reinventar al monstruo en su premisa original una y otra vez”, comenta Jean Z. Murdock.

“Los tiempos cambian, las sociedades y las personas evolucionan y también lo hacen nuestros puntos de vista sobre el miedo”, añade.