Con los colores de un trópico parisino, Chanel floreció en un decorado de naturaleza sintética para anunciar la primavera-verano de la colección de Alta Costura que el modisto alemán Karl Lagerfeld presentó en la Semana de la Moda de París.
“Después de este oscuro y horrible comienzo de año, se necesitaba algo así, declaró tras el desfile el director creativo de la casa francesa, una de las agujas más reputadas y veteranas del diseño textil, sobre el contraste entre su jovial recital y un país conmocionado por los recientes atentados terroristas.
¿Qué presentó Chanel que pudiera hacer soñar? El público invitado a la cita encontró a su llegada al Grand Palais un invernadero con esquemáticas plantas grises.
Poco hacía presagiar que ese riguroso follaje fuese a insuflar alegría a una pasarela que empezó sin música con unos chicos con chaleco y pantalón pirata camel, camisa blanca, alpargatas y sombrero de paja.
Uno de estos modelos, cuya estética explotaba el imaginario de las islas tropicales, roció con agua ficticia el decorado con una regadera (de marca Chanel, ¡por supuesto!), mientras intercambiaba miradas cómplices y sonrisas con la audiencia y las cámaras.
Lagerfeld tomó la inspiración de los libros animados y de la sorpresa que genera abrir sus páginas y encontrarse con figuras de papel en relieve.
Su “mujer flor” del siglo XXI, una fórmula que citó el propio Lagerfeld y que remite inexorablemente al concepto popularizado por Christian Dior, vivió con Chanel una nueva estética.
Los apuntes de naturaleza se expusieron en lugares donde se elevaron pétalos de tejido, como en los hombros o en la cintura, o se colaron por delicados detalles, como en unos puños abiertos por una cremallera que dejaron salir tules plisados de una planta tropical.

