La longevidad sin precedentes de Isabel II en el trono ha contribuido a la estabilidad a Inglaterra en un periodo de grandes cambios, pero ha retrasado la llegada de sangre joven.

A sus 89 años, la reina batirá, el 9 de septiembre, el récord de permanencia en el trono británico en poder de su tatarabuela Victoria, que reinó 63 años y 216 días. Absolutamente nada permite pensar que esté dispuesta a abdicar en su primogénito Carlos, príncipe de Gales.

A los 66 años, es decir, más allá de la edad legal de jubilación, el príncipe de Gales sigue preparándose para ser rey. Cuatro generaciones conviven dentro de la familia gobernante. En segundo lugar en el orden de sucesión, el príncipe Guillermo, hijo de Carlos y nieto de la reina, gana en los índices de popularidad desde su boda de cuento de hadas con la plebeya Catalina.

Estos padres modernos y modelo ofrecieron a Inglaterra un pequeño príncipe, Jorge, nacido en julio de 2013 y tercero en el orden de sucesión, y una princesa, Carlota, nacida en mayo de 2015 y cuarta en la línea de sucesión.

“Es muy poco probable que la recién nacida reine un día”, explicó el historiador Robert Jobson. Aunque siendo una niña, ya se ha asegurado un lugar en la historia al ser la primera en beneficiarse de la anulación de la vieja ley machista que daba preferencia a los herederos varones.

“Si la reina vive tanto como su madre, que murió a los 101 años, el príncipe Carlos tendrá 80 años cuando acceda al trono”, advirtió el profesor de política británica de la Universidad Ciudad de Londres Robert Hazell.

“Si el príncipe de Gales, a su vez, vive hasta una edad avanzada, Guillermo será bastante viejo cuando sea llamado a reinar”, explicó por su parte Bob Morris, miembro del University College London (UCL). “Podemos encontrarnos atrapados con monarcas de la tercera edad durante mucho tiempo”, agregó.