El fenómeno de El Niño regresó, y a primera vista parece un juego de playa: las iguanas marinas de Galápagos, uno de los archipiélagos más expuestos al calentamiento global, corretean con los científicos y se dejan medir y pesar antes de volver a la arena.

Pero para Eduardo Espinoza, director de investigaciones marinas del Parque Nacional Galápagos, se trata de una tarea muy seria que permite vigilar los cambios en especies amenazadas por El Niño.

Este evento natural, que aumenta la temperatura en el océano Pacífico, genera fuertes lluvias y debilita los vientos, no tiene ciclos establecidos. No obstante, los científicos sospechan que la irresponsabilidad ambiental está tornando El Niño más frecuente y potencialmente destructivo.

El calentamiento global y su incidencia sobre el fenómeno de El Niño es uno de los temas de la conferencia mundial del clima que se realizará en diciembre en París, donde se pretende alcanzar un acuerdo para frenar la contaminación industrial que está elevando la temperatura de la Tierra y el nivel de los océanos.

La semana pasada, Espinoza regresó a playa de Los Perros, en la isla Santa Cruz, para ver cómo están las iguanas marinas negras de Galápagos, una especie única con aire prehistórico que vive hasta 60 años. Estos reptiles no pueden ser tocados por los visitantes, pero Espinoza los toma, los mide y los pesa. Todo con el fin de registrar los cambios que experimenta esta especie ahora que El Niño, que reapareció, puede prolongarse hasta 2016.