Actualmente en la sociedad del conocimiento y de los avances tecnológicos registrados, el sector educativo cobra una importancia especial en el entorno mundial.
Desde el punto de vista social, la educación está ligada directamente a la evolución y al desarrollo de la población.
En el proceso de desarrollo de la sociedad, cada una de las profesiones juega un papel preponderante en el progreso nacional, y existe en ellas un componente ético que regula el funcionamiento de la labor que cada quien aporta a las tareas laborales.
En la época antigua, los filósofos griegos emitieron conceptos y estudiaron la importancia de la ética, un tema cuyo contenido es objeto de profundos análisis con múltiples aplicaciones en el desenvolvimiento de la sociedad presente, que necesita equilibrar su existencia entre lo material y lo espiritual .
Desde la época en que nos formamos como maestras normalistas estudiamos el Código de Ética del educador, documento básico creado en 1951 y no por eso dejó de ajustarse al buen desempeño de la carrera magisterial.
Todo lo que hacemos y que está enmarcado en lo que consideramos justo y correcto en nuestras relaciones con los demás corresponde al concepto de ética.
Actualmente, la base legal de la ética del educador es el decreto No 21 de 16 de febrero de 2012, cuya estructura descansa en los conceptos de respeto, responsabilidad, paz, mística, dignidad, empatía, solidaridad y pertenencia , entre otros que nos indican el camino a seguir en una de las profesiones más difíciles de la sociedad.
La autora es docente
