¿Las nuevas formas de encriptación han dado a los delincuentes una forma segura para operar? O, por el contrario, ¿la tecnología moderna entrega a las autoridades mecanismos poderosos de vigilancia sin precedentes? Por semanas Apple y el FBI se enfrentaron sobre el tema. El debate sigue abierto. Hay quienes se preocupan porque las nuevas formas de encriptación puedan crear rincones oscuros que beneficien a criminales y terroristas y las conspiraciones secretas. Otros sostienen que estamos en una edad de oro para el espionaje gubernamental a los ciudadanos.
El Gobierno de Estados Unidos (EU) abandonó la batalla legal para obligar a Apple a desbloquear un iPhone usado por uno de los autores de la matanza de diciembre en San Bernardino, California, anunciando que encontró cómo hacerlo sin ayuda de Apple. Pero solo es cuestión de tiempo antes de que surja otra situación similar que ponga a prueba la frontera entre aplicar la ley y la protección de datos privados.
“Esto ha creado uno de los mayores dilemas políticos de la era digital. La encrip- tación mejora la seguridad de consumidores y empresas pero también hace más difícil a los gobiernos protegerlos a ellos de nuevas amenazas”, señala un informe de la Fundación para las Tecnologías de la Información y la Innovación, con sede en Washington. Por años, el debate sobre encriptación, privacidad y seguridad llevó al FBI y otras fuerzas de seguridad a advertir que vamos “hacia a la oscuridad”, pues las nuevas tecnologías hacen inservibles herramientas como las escuchas telefónicas y aumentan las posibilidades de los delincuentes. Estas declaraciones fueron contrastadas tras las revelaciones del excontratista de los servicios de inteligencia Edward Snowden, que avivaron el temor al uso indiscriminado de las posibilidades de vigilancia electrónica de que dispone el Gobierno y que podrían caer fuera de control. Las decisiones de Apple y Google de intensificar el cifrado, para que incluso sea imposible a las mismas empresas desbloquear datos, han contribuido a acelerar el debate. A esto se sumaron las revelaciones de que los autores de los ataques de París en noviem- bre pudieron haber usado comunicaciones encriptadas para no ser detectados. Recientemente, WhatsApp informó que implementó la encriptación “punta a punta”, que solo permite ver un contenido a quien lo creó y a quienes estaba dirigido. El Congreso de EU trabaja en una ley que podría obligar a las compañías tecno- lógicas a facilitar acceso a las autoridades. Medidas similares se estudian en Gran Bretaña, Francia y otros países. Entre tanto, una coalición de empresas tecnológicas y activistas que respaldan a Apple advierten que cualquier regla que autorice “acceso especial” a contenido encriptado crearía vulnerabilidades que podrían ser usadas por hackers o gobiernos autoritarios.
