Desde el terreno, ubicado al extremo norte de la Antártida, una espectacular cubierta blanca de hielo parece extenderse hasta el infinito.

Lo que escapa al ojo es la batalla épica que kilómetros abajo se libra y que está redibujando el mapa de la Tierra.

El agua está licuando el hielo antártico. Lo derrite justo cuando se encuentra con el océano, vertiendo al mar unas 118 mil millones de toneladas métricas de hielo, según cálculos satelitales de la NASA.

En el peor de los casos, el deshielo podría elevar el nivel del mar hasta 10 pies en todo el mundo en uno o dos siglos y que cubra las costas que están densamente pobladas.

En la península antártica, el continente se calienta rápidamente porque la tierra se adentra a un océano cada vez más cálido y se pierden casi 45 mil millones de toneladas métricas de hielo cada año, según la NASA.