La carne de caballo, cuyo consumo es un tabú en muchos países, sigue siendo popular en el norte de Italia, donde una pareja intenta salvar algunos equinos y buscarles “una ocupación”.

En Vigone, una pequeña localidad cerca de Turín, Tony Gerardi y su mujer Miky Daidone han salvado a unos 40 de caballos jóvenes desde hace cuatro años, ayudándolos para colocarlos como ayuda para las labores agrícolas o para tratar a niños hiperactivos.

“La gente piensa que se mata solo a los caballos maduros (...) Pero en la mayoría de los casos, los que se comen son caballos jóvenes, porque su carne es más tierna”, explicó Miky Daidone.

Daidone cuenta que, cada año, miles de caballos jóvenes son importados desde Francia para ser consumidos. Para ella, no se trata de intentar acabar con este comercio. “La gente puede comer lo que quiera porque no es realista intentar impedir alguna cosa que se hace desde hace mucho tiempo”.

El proyecto procura mostrar que hay alternativas porque los equinos, más allá de las cualidades nutricionales de su carne, tienen aptitudes que son útiles.

Luego de lograr encontrar a una persona que compre el caballo, Gerardi y Daidone fijan un encuentro con los importadores locales para elegir cuál animal va a beneficiarse de esta “liberación”. El momento de la selección es duro para Miky Daidone. “Solo podemos tomar uno a la vez, y sabemos que los otros van al matadero. Pero así son las cosas, y no todos los caballos tienen las características psicológicas o físicas para trabajar”, explica.

La mayoría de los caballos que eligen son de una raza originaria de Franco Condado, en el este de Francia, que son pequeños pero musculosos y son conocidos por su carácter dócil, aunque actualmente se los cría principalmente por su carne.