La app Bridj es llamada el “Uber de buses”, aunque esto no es del todo correcto. Sí, igual que Uber es un servicio pagado, pero a diferencia de este, Bridj no es un transporte privado. El servicio, creado por el emprendedor Matthew George, graduado de Middlebury College, surgió como respuesta a los largos tiempos de espera en paradas de buses de la ciudad de Boston, así como la incomodidad de lidiar con pasajeros molestos y ruidosos.

Usando una serie compleja de algoritmos, Bridj analiza data extraida de Google Earth, Facebook, Foursquare, Twitter, LinkedIn, e incluso de censos y archivos municipales para medir la cantidad de población en un área y su movimiento a través del día, para determinar las mejores horas de llegada y partida, así como la cantidad de pasajeros que pueden alojar en su flota de buses.

“Podemos ver cómo se mueve la ciudad”, declaró George en una entrevista con el New York Times. Sin embargo, como expresó Glen Weisbrod, presidente de la firma de desarrollo urbano que trabaja con Bridj, “los buses solo sirven hasta cierto punto”, y no podrán reemplazar la inversión pública en buses municipales.