Patrick, gran prematuro, nació con 1.2 kilos y su “salvación”, según su madre, fue el banco de leche creado gracias a la generosidad de madres que donan para luchar contra la elevada mortalidad infantil en Sudáfrica.

“Era una cuestión de vida o muerte”, explica su madre, Annerleigh Bartlett. Tras el nacimiento del pequeño antes de cumplirse los siete meses de embarazo, “yo no tenía subida de leche y la leche infantil estaba descartada”, ya que puede dañar en algunos casos los intestinos de los prematuros.

Durante las dos primeras semanas de vida, Patrick bebió leche donada de manera altruista por madres anónimas a través de bancos de leche materna.

El principio de estos lactarium es simple. Las mujeres se extraen leche que a continuación se redistribuye entre los bebés que lo necesitan.

Un servicio de distribución rápida garantiza el transporte de este líquido. “Cada gota cuenta”, se puede leer en la sede de la Reserva Sudafricana de Leche Materna, una amplia red de bancos que aprovisionan 87 hospitales y alimentaron a 2 mil 845 niños en 2015.

En la sala donde se encuentran las reservas nacionales, siete congeladores encierran cientos de botellas de leche selladas. “Deben alentarse los lactarium para reducir la mortalidad (...) de bebés que no pueden ser amamantados”, reconoce el Ministerio de Salud.

Sudáfrica, la segunda economía africana, cuenta con tasas de mortalidad elevadas (32.8 de cada mil nacimientos en 2013) y retrasos en el crecimiento “mucho más elevados que en países con un nivel de desarrollo comparable”.

Según Unicef, un niño amamantado exclusivamente tiene 14 veces más posibilidades de sobrevivir en los seis primeros meses de vida, que un niño alimentado con leche infantil, y Sudáfrica presenta una tasa de lactancia muy baja (7.4%).