En el salón de ensayos del Ballet Nacional de Panamá se encuentran cuatro jóvenes finalizando sus prácticas para la gala de aniversario, ajenos a la bulliciosa plaza 5 de Mayo, de la cual los separan unos ventanales del Instituto Superior de Bellas Artes que dan a la calle.
“Déjame acomodarme, es que no es muy común que nos hagan una sesión de fotos”, advierte el bailarín Iván Herazo, de 34 años, el más jocoso del grupo, mientras busca el mejor ángulo al hacer sus movimientos para no incurrir en una falta a la rigurosa técnica que se exige en el ballet.
Ocho horas diarias comparten estos chicos, buscando perfeccionar sus técnicas, corrigiéndose el uno al otro, para dar lo mejor en el escenario, pues forman parte del ballet oficial del Instituto Nacional de Cultura, lo que significa que deben estar prestos para las presentaciones que se soliciten, unas 40 durante 2015, sostiene la directora ejecutiva del ballet Gloria Barrios, revisando el calendario con compromisos hasta diciembre.
“Ser bailarín requiere entrega, no se puede descuidar el peso ni prescindir de practicar, porque se pierden las condiciones”, explica el primer bailarín de la compañía, Solieh Samudio, quien siente orgullo de su profesión.
A los bailarines se les reconoce su trabajo. Ellos pueden ganar entre mil y 2 mil 400 dólares dependiendo de su calidad, un escalón que ha permitido hacer atractiva la profesión que en otros tiempos apenas alcanzaba los 300 dólares de remuneración, resume Barrios, quien se desempeñó como bailarina desde la década de 1960.
La compañía está en la búsqueda de más integrantes (tienen 16 chicas y faltan 6 varones para hacer las parejas de baile) y, para lograrlo, deben derribar conceptos errados.
Una de las estrategias es asistir a escenarios no convencionales, como al centro comercial y en el interior, además de impartir sesiones didácticas gratuitas para sembrar el gusto por el arte en las nuevas generaciones.
El periodo de un bailarín es corto, depende mucho de la capacidad física, siendo 35 años el tope en la edad para la profesión; raras excepciones pueden ejercer hasta los 40 años, reconoce Barrios.
Sin embargo, es un oficio lleno de gratificaciones y viajes para entrenarse, como ha sido la experiencia del bailarín Yahir Castro, de 23 años, quien en 2013 fue becado para ir a Rusia.
Además, en el teatro y en la televisión los bailarines suelen ser muy cotizados, siendo las academias privadas otro soporte para los dedicados a la danza.








