La detección rápida de enfermedades de cereales es clave para combatirlas, lo que se puede conseguir con ayuda de unas abejas especialmente entrenadas, asegura el joven investigador serbio Nemanja Filipovic.

“Solo una abeja basta para la detección. Es decir, de 100 abejas se pueden construir cien aparatos de detección, y eso es una muestra de la gran eficacia de este proceso”, explicó en Belgrado.

El objetivo de este jovencísimo científico serbio, de solo 18 años de edad, es detectar con rapidez males fúngicos de cereales porque representan un gran problema y porque probar su existencia es un proceso “costoso y largo”.

“Pero si se detectan solo algunos olores que emiten esos hongos, en cuestión de segundos se obtendrían los resultados, y se ahorraría mucho dinero”, asegura.

“Si se entrenan, las abejas reaccionan sacando su probóscide (trompa) cuando sienten un determinado olor”, agrega.

Para Filipovic, especializado en electrónica, es posible crear “un aparato que de hecho registre” lo que detectan las abejas.

“De esa forma, es posible ver con facilidad lo que ocurre y si han hallado el olor (del hongo)”, explica el joven que ha realizado un estudio al respecto en el Centro de Investigación de Petnica, a unos 90 kilómetros al oeste de Belgrado.

Para seguir la reacción del insecto de extraordinario sentido del olfato, Filipovic ha desarrollado algoritmos especiales.

Además, junto a otra joven bióloga serbia, Andjela Todevic, ha desarrollado un entrenamiento específico de las abejas, “fijándolas” en un soporte especial, creado para esos fines en una impresora 3D.

Aunque no pueden volar cuando están fijadas al soporte, las abejas siguen agitando sus alas, algo indispensable porque si se impide el movimiento de su cuerpo, las abejas “están bajo estrés y no pueden reaccionar a los olores”, asegura Filipovic.