Dos campeonas de la política han hecho reciente historia en Chile. La primera, Soledad Alvear, se retiró del camino presidencial para dejar a su hasta hace poco contrincante, Michelle Bachelet, como abanderada única del oficialismo.

Si bien Bachelet figura como la gran favorita para llegar el próximo año al Palacio de la Moneda, todos los aplausos fueron para Alvear, quien se dio cuenta que dando un paso al costado también se puede ganar.

En la acera de enfrente, por contraste, la derecha masculinizada de Joaquín Lavín y Sebastián Piñera parece enredada en su disputa interna y se muestra cada vez más dividida.

Una escena similar de agudeza política femenina existe en Perú, donde Lourdes Flores, la derechista candidata de Unidad Nacional concentra la mayor intención del voto de cara a la contienda presidencial.

Contrario a lo que suele suceder con los candidatos tradicionales, Flores no les declaró la guerra a sus contrincantes del año 2001, tampoco pactó ni se entregó en treguas. Esperó su momento pacientemente y hoy está cerca de ocupar la silla de Alejandro Toledo. ¿Acaso tienen un sexto sentido para la política?

La intuición y sensibilidad son características comúnmente notables en las mujeres, pero caer en estas generalizaciones sería transitar por antiguos clichés.

Es posible que las mujeres tengan mejores oportunidades para postularse a una elección porque en la mayoría de los casos no presentan el agotado perfil del político tradicional.

Si en la mayoría de los países de la región, las cosas no andan tan bien, la palabra mágica es "cambio" y, Lourdes Flores cumple con la condición, pues se aleja con facilidad de los estigmas y fantasmas que persiguen a sus principales rivales: los ex presidentes peruanos Valentín Paniagua y Alan García, de la vieja guardia y con un amplio trajín que pesa para una carrera que Flores lidera con tranquilidad.

Prueba al canto es un estudio de la Universidad de Lima realizado en abril donde se afirma que el 93.5% de los peruanos votaría por una mujer para presidente. Es obvio que los peruanos buscan algo completamente distinto y, Flores, es la que más se acerca más a ese perfil del outsider que tanto ha cosechado el continente.

Cuando las cosas andan bien, como en el caso chileno, la palabra mágica es "continuidad". La que ofrece Bachelet: ex ministra de salud y de defensa en el gobierno de Ricardo Lagos. Su amplio favoritismo no está del todo relacionado a su condición de mujer, sino al hecho de ser la persona a quien el exitoso Lagos desea encargar su obra.

Bachelet y Flores buscan llegar adonde otras 10 mujeres ya estuvieron en la región. Y en general las cosas no siempre fueron un jardín de rosas ni para ellas ni para sus países.

Violeta de Chamorro llegó a la presidencia luego de 11 años de sandinismo, y si bien fue parte de un proceso de cambio, Nicaragua continúa en la pobreza. Mireya Moscoso tampoco logró milagros en Panamá y más bien terminó salpicada por acusaciones de supuestos actos de corrupción. En México, Rosario Robles debió renunciar a la presidencia del PRD luego de haber sido involucrada en un presunto caso de soborno.

Entonces, vestir de falda o de pantalón no hace la diferencia a la hora de luchar contra la corrupción, hacer cumplir la ley y servir a la comunidad. Las garantías no pasan por el género, sino por la actitud y la aptitud.

El machismo le ha cerrado las puertas partidistas a potenciales prospectos, pero también las mujeres, como el caso Bachelet, pueden capitalizar la discriminación de la que alguna vez han sido víctimas para moldear un discurso de equidad e igualdad social.

Aunque tampoco se puede generalizar. Comentarios en los pasillos del senado mexicano atribuyen la caída de popularidad del presidente Vicente Fox a supuestas injerencias en decisiones de gobierno por parte de la primera dama Martha Sahagún. No se trata aquí de una actitud machista del mexicano de a pie, sino del malestar que genera la sospecha de que algunos temas que empiezan a discutirse en el despacho se terminan de resolver en la casa.

Hillary Clinton optó hacerlo oficial y consolidar una carrera política que podría terminar en la Casa Blanca. Perú y Chile están listos para tener una mujer presidente. ¿Lo estará Estados Unidos? Algunos dicen que no. Quizás a partir de esto se puedan desprender otros análisis y reflexiones: qué países tienen mayor madurez democrática, quién más machista o qué sociedad urge cambios radicales.