Ayer lunes, fue un día triste para los lectores del mundo entero. Dos escritores importantes fallecieron, aunque quedan sus ideas que no conocerán la muerte: el uruguayo Eduardo Galeano, a los 74 años, y el alemán Günter Grass, a los 87 años. Cerraron sus ojos para siempre, pero los dos tienen ya un lugar seguro en la historia de la literatura del siglo XX y de lo que va de esta centuria. Ambos, uno desde América Latina, y el otro desde Europa, analizaron las injusticias y las desigualdades de la sociedad moderna con una mirada comprometida, crítica y sincera.

Todo aquel luchador a favor de los derechos humanos, todo aquel que detesta la desigualdad reinante, todo aquel que ama al continente americano y todo creyente de la justicia ha leído a Eduardo Galeano.

El escritor uruguayo falleció ayer lunes, a los 74 años, en Montevideo, luego de afrontar un cáncer de pulmón que finalmente derrotó su cuerpo, pero no así sus ideas, porque la muerte se cree muy valiente y muy definitoria, pero los grandes la vencen porque siguen vivos a través de su legado, como pasa con Galeano.

Es una figura indiscutible dentro del pensamiento político latinoamericano. Un estandarte de la izquierda, tanto de la más militante como de la más moderada.

Sus obras son indispensables para entender el devenir de América Latina, un territorio que fue ultrajado primero por los voraces colonizadores europeos, después por las despiadadas dictaduras militares (unas apoyadas por el imperio estadounidense y y otras por la órbita soviética) y luego por las desalmadas corporaciones bancarias. Así pensaba Galeano, y tenía razón.

Si hay un libro de necesaria lectura es su clásico Las venas abiertas de América Latina (1971), una obra escrita con rabia, con verdad y con deseos de contar los tantos abusos que los poderosos han querido ocultar desde siempre.

Porque Eduardo Germán Hughes Galeano, nacido el 3 de septiembre de 1940, se especializó en decirnos quiénes éramos y qué deseaban los otros que fuéramos desde su labor de periodista, ensayista, poeta y narrador. Su labor era indagar en el pasado y evidenciar lo grandioso y lo triste de haber nacido en esta parte del mundo.