No son todos los países que disfrutan, como nosotros, de un rico ron ponche. Especialmente este año en que las temperaturas han caído a niveles récord en algunos sitios, el mulled wine, o vino preparado (la traducción se hace difícil) de los ingleses, el Gluhwein de Alemania, Austria, Italia y la República Checa.
En Alemania y la República Checa se favorece el vino tinto, mientras que los austríacos y suizos dan preferencia al blanco. Pero esto tienen en común: el vino se pone a calentar, sin que hierva, con clavos, canela, cáscara de naranja o limón, y anís estrellado. Entonces, se termina la preparación añadiendo azúcar al gusto.
Es una de las bebidas más buscadas en las ferias populares del invierno alemán, aunque muchos creen que tiene su origen en el Conditum paradoxum de la antigua Roma, a que alude Apicio en su Re coquinaria pero la receta de Apicio llevaba miel y no azúcar. Y dado el hecho de que la pimienta era un lujo en Roma, pues también se le añadían especias exóticas como esta, el azafrán, dátiles y pasas.
Era habitual beberlo frío, en cuyo caso se le llamaba hipocras. De ahí sobrevivió los asaltos de los pueblos que habitaban al norte de Italia, hasta que en la Edad Media se escucha nuevamente mencionar. Por ejemplo, la propiedad de la primera garrafa para servir Gluhwein se registra a nombre del primer viñatero de Riesling, el conde Johannes IV de Katzenelnbogen (casi me atoro tratando de pronunciar el apellido), alrededor de 1420.
Imaginemos una especie de garrafa cubierta, de las que ahora se venden por todas las tiendas de souvenirs de tierras germanas, excepto que esta era más fina, porque era de plata bañada en oro y se le podía echar llave.
No entraré en detalles de todos los nombres diferentes que se le da a preparaciones similares en países eslavos, sino que indicaré brevemente que los escandinavos –y estos tíos deben saber algo de pasar frío y de cómo evitarlo, ¿no creen?– se le llama Glögg (que de paso debe ser facilito de pronunciar cuando ya tiene uno varias garrafas del brebaje entre pecho y espalda) y los ingredientes clásicos para su preparación suelen ser vino, of course, azúcar, canela, cardamomo, jengibre, clavitos y naranjas agrias, fortalecido por un buen destilado como por ejemplo vodka, akvavit o brandy.
Para terminar la nota, los chilenos también suelen tomar vino caliente en el invierno austral, que por supuesto no coincide con la Navidad.
Cuando le hacen un preparado con especias, se le añade cáscara de naranja, y recibe el nombre de “navegado” por el parecido que tienen las cáscaras de naranja flotando sobre el vino, con las embarcaciones que surcan la mar.
Feliz año a todos, y ya que estamos fregados con el tema del agua, pues a beber Gogh o navegado, ni modo.

