Hemos llegado al final de un año extremadamente difícil y complejo donde entendimos lo vulnerable que somos. Sin embargo, a pesar de las adversidades, surge la ilusión, la bondad, el amor, la satisfacción de cumplir con Dios y la familia. Unas palabras que nos hacen recordar que independientemente de la situación que enfrentemos, siempre hay esperanza.

No podemos borrar los errores, pero con cada lección nos llenamos de experiencias nuevas que nos permiten sentir que hemos superado el reto y que la felicidad nos aguarda en este año que comienza.

A veces las relaciones pueden complicarse y estas fechas son propicias para demostrar amor a esas personas que nos importan; para pedir a Dios que en el Año Nuevo cumpla con cada uno de los deseos que llevan en sus corazones.

Necesitamos aceptar que esto es un desafío, el cual debemos convertir en algo positivo y seguir luchando juntos contra esta pandemia. Cuando hablamos de situaciones complejas, como hombres de fe, también pensamos, decimos, sentimos, anhelamos, necesitamos nuevas esperanzas.

Lamentablemente, los resultados de la situación mundial en estos momentos son preocupantes. Muchos se agregaron a las estadísticas de la población que está por debajo de la línea de pobreza: chicos, ancianos y adultos que no pueden acceder a la canasta básica de alimentos. Con aumento en la inseguridad, muertes, marginados, desocupados e indigentes.

Todos sabemos cuál es el diagnóstico de la situación social, política, económica del mundo. Pero queremos saber cuál es la receta para salir de esta nueva etapa de crisis del país, donde son necesarios los cambios en la educación, producción, salud, transparencia y justicia igual para todos.

Llegó diciembre y en Panamá celebramos el día de la madre, la Navidad cristiana, Janucá (festividad judía) y por supuesto el Año Nuevo. En 1930, un gremio de mujeres católicas le escribió a Hercilia de Arosemena, la esposa del presidente Florencio Harmodio Arosemena, para pedir que el Día de la Madre se cambiara del 11 de mayo al 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Desde entonces se celebra en esa fecha. Días después, del 10 al 18 de diciembre se realiza la celebración judía de ocho días conocida como Janucá, durante la cual se conmemora la re-consagración en el Siglo II a. C. del Segundo Templo en Jerusalén donde, según la leyenda, los judíos se habían alzado contra sus opresores greco-sirios en la revuelta macabea. Es una celebración de alegría y reunión familiar. Luego, el 25 de diciembre, tenemos la Navidad o Natividad, festividad cristiana donde se celebra como bien dice su nombre, el nacimiento de Jesús. La época navideña trata de dar y recibir amor, de tener momentos en familia para alimentar el Espíritu, disfrutar de los pequeños y valiosos detalles de la vida. Es un tiempo maravilloso en el que se respira generosidad, humildad, gratitud, solidaridad, reconciliación, paz y amor. Finalmente llega el 31 de diciembre, se acaba el año viejo y comienza uno nuevo….

Para mirar hacia el futuro con esperanza, no podemos permitir que nos gane el desaliento. Volver a empezar puede que sea difícil, pero sin duda es necesario. Los panameños diariamente esperamos el nacimiento de tiempos mejores. La esperanza nos permite soñar con un mañana más próspero, con nuevos comienzos llenos de afecto, de gratitud, de perdón, donde aquello que soñamos pueda hacerse realidad. Nuestra sociedad pide a los gobernantes y a la clase política que contribuyan a que Panamá sea un mejor país donde se reactive la producción y con ello se genere más puestos de trabajo ya que con trabajo la gente se siente digna. Esperamos que en ese mañana exista mejor atención en la salud pública, una educación de primer nivel y por supuesto, que haya menos hambre.

Hago votos para que tengamos un Año Nuevo maravilloso y que se cumplan todos tus deseos, pero sobre todo que tengas mucha salud y felicidad, que sea un año especial dentro de toda esta pandemia, lleno de buenos momentos y de mucha alegría para todos los que nos rodean.

El autor es presidente de Relojín