El establecimiento de relaciones diplomáticas de Costa Rica con la República Popular China desde el pasado 1 de junio constituye un acontecimiento trascendente en la política exterior de la subregión. Se trata, según el presidente del hermano país, de "una importante decisión seriamente meditada que adecúa las relaciones diplomáticas de Costa Rica a la realidad contemporánea". Durante más de 60 años, la República de Costa Rica fue uno de los más importantes aliados diplomáticos de Taiwan en Centroamérica.
En las últimas décadas muchos países han tomado conciencia de los cambios económicos excepcionales que han permitido el desarrollo alcanzado por la República Popular China, convirtiéndola en una de las principales potencias industriales del mundo.
Con la decisión costarricense, solo 24 pequeños Estados mantienen hasta el día de hoy relaciones diplomáticas con Taiwan, mientras que 168 países, incluyendo Estados Unidos de América, Japón, los principales países de Europa e importantes países de América Latina, como Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, México, Perú, Ecuador, Cuba, Colombia y Chile, tienen nexos a nivel diplomático con la República Popular China.
El presidente Oscar Arias ha puntualizado que la decisión de su país no responde a motivos políticos o ideológicos, sino que procede de un "acto de realismo elemental" y a un "despertar a un contexto global". En otras palabras, la diplomacia costarricense tuvo en cuenta la consolidación de China como una de las economías más fuertes e importantes del mundo y su adhesión al principio de una sola China. Con similar pragmatismo actuó el ex presidente de la nación vecina, José Figueres, cuando en plena Guerra Fría entabló relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, con el fin de abrir el mercado ruso a la colocación comercial del café costarricense.
En política exterior las decisiones deben adoptarse en base a los intereses de cada país. Al establecerse relaciones diplomáticas con la República Popular de China, ha de enarbolarse el postulado de la reunificación pacífica del pueblo chino, tal como ocurrió con Hong Kong y Macao. Bajo esta premisa y con la divisa tácita del interés nacional, la República de Panamá debe considerar positivamente el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China. Muchos panameños y sin duda, la mayoría de los empresarios, respaldarían esta decisión.
