El 2 de enero de 1955, alrededor de las 7:30 p.m., fue asesinado el presidente José A. Remón Cantera en el Hipódromo de Juan Franco.

Remón tenía 46 años. Esa misma noche la Fiscalía Primera del Primer Circuito Judicial de Panamá, a cargo de Francisco Alvarado, inició las averiguaciones sumarias a fin de establecer la existencia del hecho punible y la responsabilidad del autor o autores. Como es conocido, comenzaron a arrestar a todo aquel que fuese sospechoso.

El día 4 de enero en horas de la noche, en la cantina Santa Rita, en Chitré, fue arrestado Manuel Esteban Madrid, mejor conocido como Chingo, por Cristóbal Falcón, guardia de la Sexta Sección de Herrera. "Uno de mis jefes me ordenó que fuera a buscar a Chingo, a la cantina Santa Rita, donde estaba cometiendo faltas en estado de embriaguez. Yo fui a buscarlo y efectivamente estaba borracho y cometiendo muchas impertinencias, yo le dije a Madrid que me hiciera el favor de acompañarme a la Guardia, él me acompañó y a la Guardia lo entregué. En el camino Madrid nada me dijo", relató Falcón.

En un solo día, y eso que no existía la computadora, el 5 de enero, el caso de Chingo fue puesto a órdenes de la Alcaldía, mientras pasaba a manos de la Fiscalía de Circuito de Herrera, porque el delito de que se acusaba a Chingo no era de competencia de la Alcaldía, razón por la que fue declinado por el alcalde Mariano Pérez T., quien dictó la providencia "en atención al contenido del oficio anterior [parte 2 de 5 de enero] y se dispone iniciar la investigación correspondiente. Por tanto, se le recibirá declaración a la persona o personas que hubiesen presenciado u escuchado las expresiones que se dicen lanzadas por el señor Madrid, se recibirá indagatoria al inculpado, se solicitará su historial policivo y judicial, se evacuarán pruebas conducentes que resulten, se practicarán cualesquiera otras diligencias que se estimen necesarias para el esclarecimiento del hecho que se investiga". Así le tomaron declaración indagatoria y ordenaron mantener su detención. También se llamó a declarar a los policías Cristóbal Falcón, José Cedeño Trejos, Víctor Rodríguez, quienes coincidían en lugar, hora y modo que escucharon cuando Chingo gritaba que la Guardia estaba acostumbrada a joder a los pendejos "yo fui quien lo maté, porque no cumplía con nuestra constitución; ahora, hagan de mí lo que quieran, mátenme si son hombres". Pero estos negaron haber escuchado que Chingo mencionara al presidente Remón, y al igual que coincidían en conocer a Chingo como un borracho impertinente.

En su declaración, en cuanto a lo medular, Chingo dijo que había comenzado a tomar aguardiente en la cantina El Ciro desde las 5:00 p.m. de la tarde, solo en presencia del cantinero Totito Tello. No recordaba quién lo condujo a la Policía, ni desde qué hora, y que se había enterado de la muerte de Remón por la radio y los periódicos, y desconocía quiénes lo habían matado, extrañándole la pregunta, porque no sabía nada de lo sucedido.

Al día siguiente fueron citados a declarar Fabio Díaz, Eugenio Corro, Pedro Pablo Ulloa y Raúl Enrique Rodríguez, quienes coincidieron en sus declaraciones juradas en que Chingo era un borracho impertinente, que tomaba demasiado y le daba por cometer locuras, pero que era un hombre correcto.

Como esto de las cantinas estaba de moda, durante las investigaciones del crimen, en Pesé, en la cantina de Pablo T. Aned, un señor conocido como José, que vendía comida, le dijo a Fermina Barría, lavandera de Pesé, dos días antes de matar a Remón que él no dormía porque en un pueblo que no era Pesé pasaría algo muy serio.

Cuando se produjo la muerte de Remón, José señaló "qué le dije yo Fermina. Ya pasó el asunto". Por supuesto, esto fue incorporado al expediente, mediante una carta anónima dirigida al Ministro de Gobierno y Justicia, y que en su parte final dice "No le doy mi nombre, porque no quiero que también me manden a asesinar".

El 11 de enero, cuando el fiscal de Herrera le preguntó al jefe de la Sexta Zona, a órdenes de quién estaba Chingo, ya que había que remitir el expediente a la ciudad de Panamá, donde se había cometido el crimen, o sea cuestión de competencia, se le informó que Chingo había sido trasladado a la ciudad, a disposición de la Comandancia General de la Guardia Nacional, y que solo la Comandancia podía informarle qué autoridad estaba conociendo el caso Madrid.

Cabe recordar que el principal implicado, Rubén Miró, para esa fecha, ya había confesado el crimen y dos días después, en la ampliación, implicaría al primer vicepresidente de la República, José Ramón Guizado.

Mediante nota 17, de 21 de enero, la Comisión Investigadora de la Asamblea comunica al comandante Vallarino la libertad provisional de Chingo. Hasta aquí lo que he encontrado en el expediente relativo a Chingo. Según me cuenta un amigo de Chitré, a quien le hablé de este episodio, Chingo con el pasar de los años habló del caso.

Son pocas las personas que conocen esta parte de las investigaciones del magnicidio, pero cuando traté de encontrar a Chingo, me informaron que había muerto. Lo que sí queda demostrado es que mientras en la capital de la República se investigaba el crimen, en Chitré se levantó un expediente por la borrachera de Chingo, al igual que se cuenta que al momento del arresto de Arnulfo Arias, en Boquete, éste al ser informado de su detención porque acababan de matar al presidente Remón, dijo "y en qué cantina lo mataron". Quizás en otro artículo, cuando encuentre las otras partes del expediente, sabremos cuál fue el destino judicial de Chingo.