“Este país es muy corrupto” o “Los políticos son unos ladrones.” Crecí toda mi vida escuchando frases como estas por parte de familiares, amigos y conocidos. Atendía las protestas contra la corrupción, primero con mis padres, y luego como una joven ciudadana y votante. En mis ojos, todo esto era la culpa de aquellos que se aprovechaban de su poder en el gobierno para volverse más ricos, y si estos culpables fueran llevados a la justicia, estaríamos más cerca de resolver el problema. La apertura de Panamá por la pandemia de coronavirus me ha hecho reexaminar mi percepción sobre el tema.
A pesar de estar solamente en el bloque dos de apertura, en el cual áreas públicas como parques acaban de abrir con distanciamiento físico para los ciudadanos, muchas personas de mi edad, con acceso médico, están con sus amigos, en fiestas y sin seguir los reglamentos dictados por las autoridades: distanciamiento físico y uso de máscaras.
Este hecho es especialmente relevante cuando se toma en consideración las cifras sobre el coronavirus en Panamá, que indican que los corregimientos más afectados a partir del 1 de junio son Tocumen (722 casos), Pacora (604 casos), Arraiján (603 casos), 24 de diciembre (483 casos) y Curundú (390 casos), todos corregimientos de clase trabajadora. Lo que esto me demostró, es que aquellos con la seguridad de poder quedarse en sus casas sin necesidad de trabajar, y con acceso rápido a servicios médicos privados, les importa poco romper los reglamentos. Reglamentos que al ser rotos impactan desproporcionadamente las vidas de aquellos que no necesariamente tienen acceso a los mismos recursos médicos.
¿Qué revela esto sobre la corrupción en Panamá? Revela que aquellos con acceso a privilegios no son conscientes de las maneras en las que sus acciones impactan a aquellos que no se benefician de los mismos privilegios. Revela que los desequilibrios de poder que permiten la corrupción gubernamental comienzan fuera del gobierno, en entornos personales y las decisiones del día a día. Revela que para poder sobrepasar problemas como la pandemia de la Covid-19, es imperativo que todos sigamos los reglamentos indicados por el Ministerio de Salud, y que al ver a otros rompiéndolos nos responsabilizemos, mutuamente.
La autora es estudiante universitaria
