Los sectores agropecuario y forestal han recibido la grata noticia de la elevación del Instituto Nacional de Agricultura a una instancia superior que busca preparar profesionales a nivel técnico en estas ramas de la economía rural.
Ante el reto que exige el cambio climático, es necesario formar nuevos técnicos con una perspectiva diferente y acorde a los problemas actuales que enfrenta el país en materia de baja producción de los suelos, cuencas degradadas, escasez de agua, erosión de suelos y deforestación, entre otros.
Estos profesionales deberán tener conocimientos en aspectos clave como la agroforestería (árboles más cultivos), sistemas silvopastoriles (árboles más ganado), agricultura orgánica y reforestación con fines de conservación y producción. En este último tema, con la acertada iniciativa del Gobierno de promover la reforestación de un millón de hectáreas en 20 años, se requerirán decenas de técnicos forestales idóneos para hacerle frente a este inmenso reto que es una necesidad ambiental.
De los recursos naturales depende el desarrollo económico actual y futuro del país. Es necesario tener en cuenta todas las necesidades de formación y capacitación en este contexto, para que los reforestadores cuenten con la asesoría técnica apropiada y que, de esta forma, se asegure el crecimiento de los árboles.
De acuerdo con este enfoque integral de formación, el nuevo técnico podrá dar respuesta al productor/reforestador en cada una de las actividades que desarrolla en su finca. Como resultado, el finquero diversificará sus actividades en atención a la capacidad potencial de producción del suelo (agrológica).
Por otro lado, muchos de los futuros técnicos estarán interesados en continuar estudios universitarios para ser ingenieros agrónomos o ingenieros forestales. De forma que las universidades deben ofrecer esas carreras a nivel local para que ellos no se vean forzados a estudiar fuera del país.
Ya la Universidad de Panamá cuenta con ofertas en la rama agropecuaria, y la Universidad Tecnológica también ofrece la carrera de ingeniería forestal. Solo hace falta sumar al Ifarhu para que le otorgue becas a los jóvenes interesados en estudiar estas carreras, y la empresa privada debería apoyar este esfuerzo. Su apoyo es importante porque, por lo general, los estudiantes interesados provienen de estratos humildes y sus familias no cuentan con los recursos necesarios para pagarles los estudios superiores, a pesar de que los aspirantes tengan buenas calificaciones.
El impacto de aumentar el número de profesionales, tanto técnicos como ingenieros, para que trabajen en las áreas rurales en actividades agropecuarias y forestales será significativo en cuanto a reducir las consecuencias del calentamiento global, elevar la productividad, generar divisas, recuperar suelos degradados, conservar y proteger las fuentes de agua, lo que, en resumen, se traduce en el aumento de la seguridad alimentaria del país.
Esta es la visión que se requiere para contribuir a mejorar el sector agropecuario y forestal de una manera efectiva y sin demagogias, al invertir en la educación de los jóvenes que piden nuevas opciones para ganarse la vida de forma decorosa.
Cuando se visita el campo, por lo general, los pequeños productores-reforestadores se quejan de la falta de extensión, es decir, de conocimientos prácticos para mejorar los sistemas productivos en sus fincas. Muchas veces mencionan que ellos no quieren dañar la naturaleza con la deforestación, sin embargo, no les queda otra opción.
Es importante darles posibilidades productivas, pero en armonía con la naturaleza. Así, los nuevos técnicos pueden ayudar a esta causa, crear condiciones para transformar la economía rural y fortalecer la participación de las comunidades en forjar su seguridad alimentaria.
Esperamos que el nuevo instituto incorpore la formación del técnico forestal como una opción integradora para atender las necesidades de las comunidades rurales, no solo en lo agrícola y pecuario, sino en lo forestal.