Las transformaciones sociales de nuestra época trastocaron los diferentes estratos sociales, impulsaron cambios en el pensamiento y actitud de las mujeres, en especial de las indígenas, quienes comenzaron a reivindicar sus derechos para construir junto con los hombres, y en los mismos espacios, una sociedad identificada con sus realidades y necesidades.

Uno de esos derechos que se reivindica es el de aprender a leer y escribir para accesar a informaciones, para mejorar su calidad de vida y compartir experiencias con otras culturas. Tuve la oportunidad de viajar a la comarca Kuna Yala, con un educador cubano del programa de alfabetización "Yo Sí Puedo", a realizar consultas sobre la viabilidad y aceptación del mismo.

En todo momento, las mujeres indígenas, a pesar de su timidez, levantaban sus manos diciendo: "este es un buen programa", "yo quiero aprender a leer y escribir", "yo quiero leerle a mis hijos una carta, apoyarlos en sus tareas, y no depender de los hombres", "yo quiero estar informada de lo que pasa en otras partes del mundo", "en mi infancia mi padre no me dejó estudiar, pero ahora quiero aprender".

Me imagino muchas manos femeninas levantadas a nivel de todos los pueblos indígenas de Panamá, dispuestas a tomar un lápiz y contar sus historias.

Esta demanda de querer aprender a leer y escribir, y ser libres de la incertidumbre occidental, no tiene frontera para las mujeres iletradas. En los últimos cinco años, una gran multitud femenina indígena alzó sus voces exigiendo que mayor cantidad de mujeres ingresaran al sistema educativo oficial y tuvieran una educación de calidad con pertinencia cultural. Me senté a leer todas esas memorias de talleres y congresos donde quedaron plasmadas sus palabras que demandaban el fortalecimiento de su arte, de su idioma, de su conocimiento colectivo, sin perder de vista la diversidad cultural de nuestra sociedad.

Estas apenas son algunas facetas de sus luchas que son también mis luchas, nuestras luchas ante la todavía injusta realidad que sufren las mujeres indígenas en el tema educativo; primero, por ser mujeres y, segundo, por ser indígenas.

Como lo dirían ellas en sus palabras: "las mujeres indígenas enfrentan la barrera discriminatoria de género y dentro de ellas, el proceso discriminatorio de ‘de mujer a mujer’ (urbana/rural, ciudadana/política o líder/base y lo moderno/tradicional)".

La tarea es ardua, y seguro que la lograremos en la medida en que exijamos nuestros derechos en nuestras casas, trabajos, en las consultas y otros espacios sociales, y, además, cuando las políticas ya establecidas se apliquen con efectividad en equidad e igualdad de oportunidades. Felicidades a todas las mujeres en su día.