Immaculée Ilibagiza
Durante 100 días, Ruanda fue el infierno. En ese puñado de semanas fueron asesinadas sistemáticamente casi un millón de personas de todas las edades.
Son cifras oficiales, que como todos sabemos, generalmente son más pequeñas que la enorme realidad que ocultan o maquillan, por lo que la matanza hacia los integrantes de la tribu africana de los tutsis quizás fue mucho peor.
Esto ocurrió en 1994. No hace tres siglos; fue hace poco. Cuando ya había medios de comunicación de masas y hubo más indiferencias que denuncias. Ocurrió y solo fue noticia sensacionalista por un tiempo y después se volvió otra rutinaria historia triste con la que acompañar la hora de la cena.
Una de las sobrevivientes narró los hechos de cómo salió de ese mundo dantesco en “Immaculée Ilibagiza – sobrevivir para contarlo” (flordelis.com.pa). Esta dama es un milagro andante.
Siempre estuvo el peligro a su lado, pero su amor y su fe en Dios, así como sus oraciones constantes, hicieron lo imposible: que siguiera respirando, y ahora comparte esos momentos dolorosos. En casi cualquier parte un individuo de otra tribu podía cometer el peor de los actos contra ella y contra cualquier tutsi por ser simplemente tutsis.
Esta devota católica pudo contra la maldad humana que demostró, una vez más, ser capaz de las peores de las podredumbres (torturas, asesinatos y violaciones a hombres, mujeres, niños y ancianos); supo perdonar a sus captores sin hipocresía y de corazón, y transformó el odio y la venganza de los que la consideraban basura en amor sincero.