El decimosexto presidente de Estados Unidos y el más férreo opositor a la esclavitud, Abraham Lincoln, proclamó en la batalla de Gettisburg su célebre frase sobre la concepción de la democracia, que a la letra dice: “Es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” y el primer presidente sudafricano escogido democráticamente, Nelson Mandela, al respecto indicó: “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.

Podríamos mencionar un sinnúmero de frases acuñadas por prestigiosas personalidades del mundo político, social y espiritual acerca de la importancia de preservar la democracia en nuestros países latinoamericanos; la democracia se ha instituido en la región como el sistema político de mayor aceptación, y a la vez ha sido sujeto de las más fuertes críticas sobre su efectividad, así como la poca participación de los ciudadanos en la toma de decisiones, luego de emitido el voto.

La participación de las minorías: jóvenes, mujeres, indígenas, discapacitados y otros es básica para concretar planes y programas producto de la concertación y acuerdo entre todos y todas. El punto de equilibrio de la democracia está dado en función de la participación de todos los ciudadanos, se gobierna para un pueblo que está conformado por la pluralidad de intereses que deben consultarse a la hora de tomar decisiones que les atañen.

La tan deplorada “ley 9 en 1”, que cambia de manera inconsulta nueve leyes que tienen que ver con el derecho laboral y ambiental entre otros, es tan solo un ejemplo de cómo se vulneran los intereses de las minorías y ¿por qué no?, también de una gran cantidad de personas que ejercieron su derecho a votar por un cambio, pero por un cambio para quién y por quién.

Los diputados oficialistas deben dar marcha atrás en todos los artículos conflictivos (incluyendo los estudios de impacto ambiental), por cuanto hay personas que por defender su derecho a discrepar han perdido los ojos, han salido lesionadas o han perdido a un ser querido.

Se habla en un comunicado de control de pasiones y de emociones, cuando en la olla no se tiene qué comer y no se consulta la opinión en lo referente a los derechos laborales adquiridos en una transnacional que usufructúa del trabajo diario de estos panameños.

Es muy importante que esta experiencia sirva para eliminar la imposición como método de gobierno, que se abran a la consulta las decisiones sensitivas como son la apertura del tapón del Darién, la mina de Cerro Colorado, las hidroeléctricas y otros proyectos que nos afectan a todos los ciudadanos, por lo que todos debemos tener participación en estas decisiones. Que se reinstale la mesa del diálogo y de la concertación nacional para abordar los planes estratégicos que nos benefician a todos y nos lleven a ser un país desarrollado en todas sus potencialidades, al ritmo que avanza nuestra sociedad en su conciencia y en su voluntad de cambio.