En la hoy Bocas del Toro, Cristóbal Colón se tropezó con la furia del mar, aunque la desavenencia con humanos se registró en la desembocadura del río Yebra (Belén), donde ‘el Señor de la Tierra’, Quibián, y 400 guerreros lo expulsaron.

En la costa de esa región trastabilló la aureola de aquel intrépido personaje que había descubierto para los europeos un nuevo continente. Conservo la gramática y estilo del texto de Colón, escrito hace 507 años.

“El cielo jamás fue visto tan espantoso: un día ardió como forno y así echaba la llama con los rayos, que cada vez miraba yo si me había llevado los másteles y velas; venían con tanta furia espantables, que todos creíamos que me habían de fundir los navíos”, informó a los Reyes Católicos. Más adelante dijo: “En todo este tiempo jamás cesó agua del cielo, y no para decir que llovía, salvo que resegundaba otro diluvio. La gente estaba ya tan molida que deseaba la muerte para salir de tantos martirios”.

Él y sus acompañantes sintieron peligro y enojo. Durante una semana estuvieron perdidos. “Ojos nunca vieron la mar tan alta, fea y hecha espuma. El viento no era para ir adelante, ni daba lugar para correr hacia un cabo. Allí me detenía en aquella mar fecha sangre, herbiendo como caldera por gran fuego”.

No es fácil contrastar si es verdadera la información que ofrece Colón a los Reyes. Debemos tomarla como cierta.

En la desembocadura del río Yebra, que él bautizó como Belén, localizado en el límite entre Veraguas y Colón, los indígenas se rebelaron contra Colón, incendiaron un caserío que le habían autorizado construir y lo obligaron a desmantelar una procesadora de oro, primer asentamiento europeo en el continente. Comandados por el cacique Quibián, unos 400 nativos lanzaron una lluvia de flechas al contingente del almirante.

En su cuarto viaje (mayo de 1502 - noviembre de 1504), Colón lideró su flota que tocó nuestra área continental: desde el Caribe arribó a las costas de los territorios comprendidos entre lo que hoy es Honduras y el golfo colombiano de Urabá. En nuestra tierra, se deparó con el archipiélago llamado hoy Bocas del Toro. Ante un mar bravío nominó a uno de los parajes avistados Boca del Drago. Refiere al dragón, gigante animal mitológico que en aquella época se denominaba ‘drago’.

El origen del nombre Bocas del Toro no está claro. El cacique de uno de los grupos aborígenes se nombraba Boka Toro. Otros afirman que el propio Colón inventó la denominación por las aguas agitadas que encontró. Una etnia de la región se llamaba changuinola (con minúscula). De allí el nombre de la localidad, Changuinola.

En las semanas que Colón transitó el archipiélago bautizó dos islas: Bastimentos y Carenero. Bastimento es la provisión para sustentar una localidad o fortaleza. Proviene del verbo ‘bastir’, en desuso, y es sinónimo de ‘abastecer’, que es proveer una plaza de bastimentos: alimentos e implementos de guerra.

‘Carenero’ es el lugar destinado a la reparación de las naves. Es término marítimo surgido de ‘carenaro’, que es componer los vehículos acuáticos. Es el equivalente a ‘astillero’. Le impresionó la cantidad de lenguas que eran habladas en el archipiélago y se atrevió a pronosticar que en el área continental sería diferente. Su presunción fue errada.