La ejecución del contrato para el Tercer Juego de Esclusas (TJE) ha tenido los contratiempos típicos de las grandes obras. La licitación se llevó a cabo en 2009, el año en que se inició la Gran Recesión mundial, y en ese entorno las grandes empresas constructoras vieron seriamente afectados sus balances, lo que limitó su acceso al crédito y a las fianzas para obras.
Dadas las limitaciones de la coyuntura, solo se presentaron tres consorcios a la licitación para el TJE a ser otorgada en base al puntaje ponderado de las propuestas técnicas y de precios presentadas en sobres separados. Los sobres sellados con los precios se depositaron en una caja de seguridad en el Banco Nacional de Panamá, mientras se evaluaban las propuestas técnicas durante varias semanas por sendos equipos, aislados cada uno de los demás e integrados por ingenieros y otros expertos de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) con acceso a asesoría internacional. Una vez concluida la evaluación técnica se abrieron en público las propuestas de precios y se realizó el cálculo del puntaje total obtenido por cada consorcio.
Las comparaciones que se han hecho entre las cotizaciones de los consorcios resaltando la diferencia del orden de $1,000 millones entre el consorcio ganador y el que le seguía, no son válidas. Ello porque no se están comparando precios para la misma obra, ya que el precio de cada proponente correspondía a su propio diseño que era distinto al de cada uno de los otros. Cada diseño planteaba un modelo de esclusas distinto con diferentes esquemas para las tinas de ahorro de agua, sistemas distintos de compuertas y diferentes estructuras de la propia esclusa. Consecuentemente, al ser distintas la obras planteadas, sus costos también diferían entre sí. Además, una vez identificado el ganador hubo un período amplio para que los demás participantes examinasen en detalle la propuesta triunfadora sin que se registrase reclamación alguna.
En la ejecución de los trabajos del TJE han surgido muchos reclamos por parte del contratista que los medios han bautizado como “sobrecostos” con la connotación de que se trata de pagos adicionales a lo pactado, otorgados graciosamente por la ACP al contratista. Nada más lejos de la realidad: en el contrato para el TJE, los posibles pagos por reclamos que se hagan no son decididos por la ACP, puesto que son el resultado de dos niveles de arbitrajes independientes administrados por expertos de alto nivel según el formato de Fidic y las normas internacionales correspondientes.
Los sobrecostos y los retrasos son típicos de los macroproyectos. El tema es tratado en la obra de Bent Flyvbjerg, Megaprojects and Risk, que analiza cómo los grandes proyectos tienden a incurrir en esas fallas. En su libro, el autor hace referencia a sobrecostos que van desde el Canal de Panamá de 1914 que excedió su presupuesto en 200%, al Canal de Suez con 1,900%. El gran proyecto de circunvalación vial de Boston, The Big Dig, más reciente, incurrió en un sobrecosto 400% y se terminó con varios años de retraso. Nuestra estimación es que el costo final de la ampliación del Canal de Panamá podría exceder el presupuesto en el orden del 25% y se habrá concluido con casi dos años de retraso, resultados estos que se comparan favorablemente con la mayoría de los macroproyectos.
Además, los análisis realizados apuntan a que la obra tendrá resultados financieros positivos: la inversión se recupera en menos de 10 años con un rendimiento del 12% por año (medido por la tasa interna de retorno) y el Gobierno obtendrá una retribución del 20% anual por los fondos que aportó la ACP a la expansión de sus propios recursos que hubiese podido pagar al Gobierno si la obra no se hubiera llevado a cabo.
Y, ¿después del Canal, qué? Más allá de proporcionarle recursos adicionales al Gobierno, el Canal ampliado abre oportunidades para diversas actividades económicas productivas en sus riberas, como lo han hecho con gran éxito otros estados ribereños como Singapur, Dubái, Rotterdam y Amberes, entre otros, y ahora lo intenta hacer Suez. Hacer realidad este potencial es el desafío que ahora se nos plantea.