El avance de un país se atribuye, en esencia, al recurso humano, cuando sus ciudadanos cuentan con una educación de calidad, equitativa e inclusiva. En los últimos meses, la población mundial sufre el impacto de una pandemia, consecuencia del coronavirus (SARS-CoV-2). La ciencia y la tecnología han sido cruciales para afrontar al virus.
Instituciones científicas como el Instituto Conmemorativo Gorgas para el Estudio de la Salud (ICGES) y el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT AIP) trabajan para encontrar una solución a fin de detener el coronavirus. Son las fuentes oficiales de respuestas científicas al país. Es emocionante saber que científicos panameños luchan contra una epidemia. Es inaceptable que ambas instituciones, los hospitales y las universidades enfrenten cada año, recortes y bajas asignaciones presupuestarias por parte del gobierno.
Panamá invierte 0.16% de su producto interno bruto (PBI) en investigación, ciencia y tecnología, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), muy por debajo de la inversión de Costa Rica y Colombia.
Los recortes presupuestarios en ciencias son usuales: el ICGES solicitó para su gestión 2020, 46. 5 millones de dólares. Fueron aprobados 19.6 millones. La Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT) funciona con un ajuste de $56.6 millones de dólares que incluye la financiación de investigación y becas para estudios superiores.
En el caso de la educación universitaria pública, la inversión en infraestructura y equipamiento está limitada, lo que afecta la calidad de sus egresados. Está pendiente la construcción del nuevo edificio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá que alberga el 75% de los futuros profesionales de la salud del país.
La falta de políticas públicas en ciencia y educación, sumados a los actos de corrupción, son los principales motivos que limitan la capacidad nacional de solucionar problemas en temas como salud, alimentación, energía, tecnología y ambiente.
Los jóvenes estamos dispuestos a cambiar este país a través de la educación. Se hace necesaria la exigencia ciudadana a nuestros políticos de invertir en ciencia como clave estratégica para producir conocimiento al servicio del desarrollo y crecimiento del país.
Debemos buscar soluciones para la fuga de cerebros y talentos. Cada sueño de hacer ciencia debe poder cumplirse Esta pandemia nos deja la lección que la ciencia, la tecnología y una población con conocimientos son importantes para enfrentar los desafíos y las exigencias de un mundo complejo. Se afirma que los resultados de la inversión en educación, ciencia y tecnología son a largo plazo. Las utilidades de esta inversión son altísimas, pues un país con ciencia es un país que avanza.
El autor es estudiante de Biología en la Universidad de Panamá. Egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana.
