Un descuido puede alterar nuestras vidas de manera insospechada, sin importar donde nos encontremos. Las quemaduras son un evento violento, muchas veces prevenible, que causa sufrimiento y angustia a todos alrededor desde el momento en que ocurre. Son minutos o segundos que pueden impactar la salud de las personas y sus familias.

Una quemadura es una agresión externa a nuestro cuerpo que daña la piel. Las más frecuentes ocurren por contacto con líquidos calientes o fuego directo. Existen otros tipos de quemaduras especiales cuando se aspiran gases tóxicos o se recibe una descarga eléctrica: son más complicadas y graves, aunque no se vean marcas externas en el cuerpo.

Todas las quemaduras pueden ser clasificadas. Las hay de primero, segundo y tercer grado. Las de primer grado –como, por ejemplo, las que ocurren cuando vamos a la playa y nos quemamos con el sol–, son molestas, pero se resuelven prácticamente solas. Las de segundo grado causan ampollas y mucho dolor; tardan entre 15 y 21 días en curar y requieren tratamiento médico. Las de tercer grado son las más graves. Dañan tanto la piel, que necesitan cirugía para cubrir toda la superficie afectada, y pueden requerir muchos meses o años para recuperarse totalmente.

El equipo multidisciplinario de la sala de quemados pediátrica del Hospital Materno Infantil José Domingo De Obaldía, atiende unos 400 casos de niños quemados al año. Muchos necesitan de múltiples tratamientos y estancias de 15 a 30 días. Los más graves necesitarán estancia en la unidad de cuidados intensivos pediátrica y varios meses de internación.

La Federación Latinoamericana de Quemaduras (Felaq) decidió dedicar un día al año a la prevención de las quemaduras. El día escogido fue el 26 de octubre, en conmemoración de la creación de la Fundación del Quemado Fortunato Benaím, en Buenos Aires, Argentina. En el mes de octubre y especialmente este día, se realizan actividades para comunicar el impacto negativo que tienen las quemaduras en los seres humanos.

Para prevenir las quemaduras en nuestros hogares y trabajos es necesario evitar actividades riesgosas, informarnos de las medidas de prevención y prestar atención a los peligros que cada día nos encontramos. Una buena manera es hacer entrenamientos comunitarios de primeros auxilios y educación en salud.

El autor es médico cirujano plástico y reconstructivo e investigador del grupo INVES y miembro del movimiento Ciencia en Panamá