La mejor definición del ejercicio de la política que conozco es “el arte de hacer lo necesario posible”. Se la aprendí al canciller y diputado venezolano, Arístides Calvani, el cual practicaba la política dentro del marco de su ideología social cristiana, una ideología que le exigía que lo “necesario” y lo “posible” respetara y defendiera la dignidad humana en todas sus dimensiones. Esto contrasta ampliamente con la practica actual de la política panameña en la cual lo único “posible” es aquello que sea “alcanzable” usando las monedas de cambio de nuestra política: subsidios, puestos gubernamentales, concesiones, beneficios fiscales, etc.
Es vital difundir este concepto del ejercicio de la política particularmente hoy que nuestras diferencias políticas parecen tan grandes. Aunque nuestras diferencias parecen insuperables, tienden a ser mas por los métodos que por los objetivos. Si hiciéramos una consulta ciudadana habría un consenso importante sobre por lo menos tres “necesarios” que enfrenta nuestro país: cambios constitucionales para asegurar el balance apropiado entre los Poderes del Ejecutivo, Judicial y Legislativo; reformar la Caja del Seguro Social y el sistema de salud para asegurar su futura viabilidad; y mejorar la educación.
La discordia tiende a venir en cómo hacer los cambios necesarios “posibles”. Si tomamos el ejemplo de los cambios constitucionales, tenemos los que creen en constituyentes originarias y los que apoyan constituyentes paralelas. Hay quienes no creen en constituyentes, sino que prefieren cambios por medio de referéndums o aprobados por dos Asambleas consecutivas. Hay los que creen que los temas constitucionales a discutir deben ser acordados antes de llamar a la constituyente mientras otros quieren que el debate entre los constituyentes sea abierto a cualquier tema. Más preocupante es la tendencia, cada vez más frecuente, de apoyar una ruptura institucional como alternativa. Sin duda reflejando la frustración de muchos, hay un conocido observador que recientemente habló de cerrar la Asamblea si, después de una elección presidencial y de un referéndum apoyando los cambios propuestos, la mayoría de los Diputados todavía se resistieran a tales cambios.
En efecto, existe un grado de consenso sobre lo que es “necesario” pero nadie parece ponerse de acuerdo en cómo hacerlo “posible”. Esta discrepancia nos tiene paralizados porque nos hacen falta políticos que nos inspiren y nos organicen. Por supuesto que debemos evitar a los populistas que simplifican los temas, dicen que solo ellos nos salvarán, y operan fuera de cualquier marco ético. Más bien necesitamos estadistas que lideren el largo proceso de cambio y que lo hagan sin usar todas las artimañas del estado clientelista que se han vuelto la moneda de cambio para hacer cualquier cambio “posible”.
En este sentido, hay una gran oportunidad para los lideres y movimientos independientes para crear mesas de trabajo sobre los tres temas comentados anteriormente (y otros que consideren relevantes) para preparar planes específicos. Si de esas mesas de trabajo surgen propuestas accionables y detalladas que generan un consenso de lo “necesario” y como hacerlo “posible”, ellos habrán probado que son los lideres que debemos apoyar y elegir.
El autor es abogado y economista
