Y ahora resulta que los obispos de Inglaterra y Gales instan a los católicos a que no celebren Halloween, o All Hallows Evening (noche de todas las almas) este 31 de diciembre. Que los niños, en vez de salir disfrazados de Casper y Brujilda, adopten disfraces de santos.

“Halloween es, hoy en día, el tercer festival comercial más grande [del Reino Unido] después de Navidad y Pascua florida, y es hora de que les recordemos a los cristianos de qué se trata” declaró el obispo Kieran Conry de Arundel y Brighton, quien es el decano del departamento de evangelización y catequesis del obispado británico. “La celebración de los días de fiesta es una parte importante de nuestra cultura católica. En la noche del 31 de octubre, ¿Por qué no hacer algo para que tu fe sea vista y apreciada? Encender una vela o hacer un despliegue público de otro tipo de luz, por ejemplo, tal vez al lado de una estatua de algún santo. Esto podría ser una forma poderosa de demostrarle a la gente que tenemos esperanza en otros ajenos a nosotros mismos”.

Sugieren prácticas que incluyen participar en la misa de media noche para todos los santos, o hacer que los niños se vistan como santos. Sí, claro, y en vez de Jack-O’lanterns, las tradicionales calabazas, y los graciosos disfraces de fantasmas y calaveras, con una que otra brujilla salpicada en medio, promocionar camisones de crin completos con cilicios, que muy bien podría mercadear Harrod’s.

Y quien no logre hacer el viaje hasta Knightsbridge, Londres, donde se encuentra la icónica tienda, pues por toda Inglaterra hay boticas Booths que podría llevar una línea alterna, más barata.

Pero bueno, ojalá pudiera decir que es el mayor disparate que le he escuchado emitir a la curia, bien sea la vaticana o una satelital.

Lo cierto es que aunque Halloween adquirió vigor en Estados Unidos, de donde la costumbre –como todo lo americano, incluyendo el “día del pavo” o acción de gracias que aquí practica gente que ni es de EU ni sabría leer la receta de uno de los rellenos tradicionales de ostras, etc., del pavo de Thanksgiving— saltó ex fronteras y salpicó en muchos países, incluyendo el nuestro, y volviendo a las Islas Británicas e Irlanda.

Una de las costumbres más antiguas de Halloween viene de los antiguos celtas que habitaron en la Europa central y occidental hace mucho, y que celebraban el festival Samhain el 31 de octubre. Al caer el sol en esa fecha, creían que se abría un portal que permitía a los espíritus de los muertos transitar libremente por la tierra de los vivos, y los celtas desplegaban ofrendas de comidas y bebidas para calmar y mantener a los espíritus contentos, y alejados.

Aún después de que el imperio romano subyugara a los pueblos celtas, éstos mantuvieron sus tradiciones, incluyendo al Samhain, que mantuvo especial vigor en Irlanda y Escocia. Aun después de que la santa Iglesia católica etc. les cambiara Samhain por la Noche de Todos los Santos en 835, cambiándole el nombre a Samhain por Allhallows o Hallowmas, la costumbre persistió.

Yo solo espero ver cuándo va a ser la fecha en que algún cura atrevido vaya a pintar caritas de santos en las piedras de Stonehenge, convenientemente situada a pocos metros de la transitada autopista A303, a dos horas de Londres. Ya nada me extrañaría.