Estoy muy apenada con los bebedores de cerveza, porque he agarrado la onda de Oktoberfest por la cola, cual cometa: y es que este año la fiesta de cervezas más grande del mundo cumple dos siglos, ya que se viene celebrando todos los años desde 1810 (con la excepción de algunos años en que la guerra o el cólera le quitó a los celebrantes las ganas y algo más).

Comenzó como un festejo en los campos al sureste de Munich, con motivo de la boda del príncipe heredero Ludovico de Baviera y la princesa Teresa de Saxony-Hildburghausen. Pero no fue hasta 1896 que la cerveza comenzó a gozar de gran predicamento en las fiestas, y los festejantes a gozar de ella y ello.

Las reales nupcias de Ludovico y Teresa se celebraron por toda Baviera, cerrando con broche de oro con carreras de caballos presenciadas por la real pareja. Las carreras tuvieron tal éxito que al año siguiente se repitieron en los campos de Theresienwiese (los campos de Teresa) en honor a la princesa. Los lugareños llamaron a la tradición Oktoberfest, o fiesta de octubre.

Oktoberfest, más que popularizarse, se propagó como incendio en sequía. En 1811 se añadió un evento agropecuario para destacar las ofertas bávaras del ramo y siete años más tarde se inauguró un carrusel, una noria y otros juegos para niños. Aún no protagonizaba la cerveza: los visitantes la disfrutaban de a sorbitos en puestillos de cerveza.

Con el pasar de los años, aumentó la popularidad de los humildes puestos de cerveza y tanto las más prominentes cervecerías como los más importantes terratenientes comenzaron a participar con puestos, que luego dieron paso a imponentes pabellones.

Sin embargo, la transformación completa del Oktoberfest no ocurrió hasta fines del siglo XIX: los historiadores dicen que 1896 fue el año en que tornó de festival agrícola a carnaval cervecero. Debido a que el proceso cervecero es, por lo mínimo, laborioso, y no fue hasta la última década del siglo XIX que los avances de la refrigeración hicieron posible la producción masiva de la cerveza, solo tras dominar esta tecnología se pudo hacer frente a la gran demanda que exige un festival cervecero de esta envergadura.

Pero no puedo cerrar este pequeño homenaje sin mencionar que la cerveza, esa bebida tan democrática, es tan antigua como las pirámides.

Comenzó, como muchos otros grandes alimentos y bebidas procedentes de fermentos (derivados de la soja, el sake, el vino, el yogur y quesos, etc.) cuando en la antigua Mesopotamia alguien dejó un recipiente con cebada a la intemperie. Llovió, volaron esporas, y se creó el primer fermento potable. Y cada país tiene mucho orgullo de sus cervezas, sean de las rubias como las nuestras, estilo Pilsen o Lager, o bien sean stouts o ales, como favorecen los británicos, etc., o bien sean las exquisitas cervezas lámbicas, esas maravillas de fruta.