Jacques Monod mencionó alguna vez “que el hombre está solo ante la inmensidad del universo de donde apareció por azar”. Yo no lo pienso así. En la actualidad la ciencia ha podido establecer asombrosas realidades que han escapado a nuestra mente y que nos acercan, de alguna manera, no totalmente, aclaro, a ciertas ideas religiosas. No somos productos del azar. En el universo nada ocurre por casualidad y ello lo sabe la ciencia, veamos.
La física ha descubierto que toda la materia que nos rodea está conectada a un nivel subatómico, por lo cual cada parte por muy pequeña que sea es parte de un todo. De igual manera lo que nos resulta una eternidad cuando hablamos de periodos geológicos inmensos, para la historia de la evolución de nuestro planeta vienen a ser tan sólo días. Ejemplo desde la extinción de los dinosaurios hace 75 millones de años a la aparición del hombre una eternidad en cuestiones evolutivas un salto sorprendente.
En la física sabemos que la existencia de un universo producto de un big-bang o de un universo constante el cual desde su centro se está renovando eternamente generando más materia y energía, es muy posible.
En la década de 1960 la posible prueba apareció con la denominada “radiación de fondo”. El movimiento de traslación que conjuntamente recorre el sistema solar a través de la galaxia y que ciertamente corrobora el postulado de Copérnico y Galileo sobre el movimiento del planeta y no un estaticismo que lo colocaba como centro del universo. Fue un duro golpe al “orgullo del hombre”, no al de Dios.
Cada uno de estos postulados son evidencias de un universo desconocido para nosotros hasta bien entrado el siglo XIX. Los planteamientos anteriores hubieran sido una completa herejía supongamos, en el siglo XVI, les hubiesen costado posiblemente la vida a estos científicos.
El punto es que hemos estado siempre ante un universo desconocido en donde muy infantilmente establecimos que las cosas en el mundo y en el cosmos se generaban a partir de cierta “magia”, la cual solo había que invocar a través de métodos de bárbaros. Al parecer nuestra ignorancia es enorme.
El mundo y el universo se desarrollan constantemente a través de “procesos” los cuales dependen a su vez de ciertas condiciones para que se completen. Una de las finalidades del Universo mismo es generar “vida y razón” y al parecer están dadas todas las condiciones para que cada universo en una faceta específica genere “inteligencia”.
El universo al parecer tiene ciclos de reproducción que tardan miles de millones de años, de manera “natural”, guiados por un orden interno y absoluto que es a su vez un ciclo eterno.
Lo que sí es cierto es que los científicos, sobre todo, los físicos, están descubriendo propiedades inimaginables que posee la materia y, además, han propuesto que existe ciertamente un “orden universal y natural” para la generación de todo lo que existe y existirá según un código, que busca siempre crear vida, crear la razón. Concuerdo más con Hegel, con lo de la razón absoluta o universal, después de todo no estaba tan loco.
Han sido nuestras mentalidades y nuestra poca falta de investigación científica lo que ha hecho perdurar mitos y leyendas desastrosas en las cuales concebimos a Dios desde la misma perspectiva del hombre común.
Bien decía Protágoras que si las vacas pudiesen hablar dirían que su dios tiene forma de vaca.
Ello es cierto el mundo y el universo posee estructuras, organización y condiciones que desconocemos en su totalidad y que apenas con esta tecnología hemos ido descubriendo la punta del iceberg. Nos queda considerar que ciertamente debe existir una fuerza sacra y misteriosa, benefactora del hombre a la cual llamamos Dios, pero que nuestra mente y entendimiento distará mucho aún, de comprender cómo opera o “ve” el universo.
