De salida, la respuesta al título de esta nota debería ser un rotundo no, pero asistentes al Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura tuvieron reacciones distintas con relación a la piratería musical.
La colombiana Leila Cobo, editora de la revista Billboard Latino, resaltó que por culpa de las descargas ilegales, la venta de música latinoamericana tuvo una disminución “considerable” en el último lustro en Estados Unidos.
Para ponerlos en número, en 2004 se vendieron 32 millones de discos de creadores de la región en la unión americana y en 2009 bajó a 16 millones de discos.
Denunció Cobo que las descargas ilegales por la red se han triplicado, debido a “la poca regulación de los operadores de internet”, y que en muchos países no hay multas para aquellos que hacen súper sin pagar.
Leila Cobo planteó que la industria musical pasa por una crisis severa, porque “la gente tiene el imaginario de que la música es gratis, pues hay mucha facilidad para comprar los discos compactos en las calles o descargar las canciones por internet”.
El brasileño Michel Nicolau, de la firma Brazilian & Arts, observa que la música no es un negocio para disqueras como Sony y Universal, ya que obtienen solo entre un 3% y 5% de dividendos de la venta de discos.
Lo que trae como resultado, destaca Nicolau, que se inclinen a invertir en otros rubros del entretenimiento donde los derechos de autor están mejor custodiados.
