La primera experiencia audiovisual de terror del escritor Hugo Chaparro Valderrama (Bogotá, 1961) fue cuando de niño no pudo dormir después de ver un capítulo de la serie de tv The Twilight Zone (La Dimensión Desconocida).

Ese capítulo en cuestión podría calzarle a este narrador y poeta, ya que era sobre un hombre que se encierra a escribir para no tener contacto con una especie humana que lo decepciona.

No es que este crítico de cine sea neurótico, ni requiera de una camisa de fuerza para sacarlo a la calle, pero sí se pasa largas temporadas dentro de su casa escribiendo o perdido en las oscuras salas de cuanto festival cinematográfico asiste.

Mañana lunes, 11 de octubre, a las 6:00 p.m., dictará la conferencia “El laberinto del miedo o el terror hecho virtud” (8 dólares entrada general), en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero (Parque Omar).

-¿Por qué pagamos un tiquete para que nos asusten?

-Quizás porque es mejor disfrutar del miedo ambiente cuando sabemos que las emociones que sobresaltan serán pasajeras y saldremos sin padecer físicamente lo que puede soportar alguno de los personajes en el cielo de la pantalla hecho infierno. El miedo hecho diversión nos brinda además argumentos para recorrer el mundo y conocernos a través de lo que sufren los otros.

-El cine de terror siempre es atractivo para los jóvenes.

-La franja cronológica del espectador de cine está entre los 15 y los 25 años: el terror, lo sobrenatural, las experiencia extremas, las sensaciones inauditas que se aprenden por primera vez, es una forma de traducir las hormonas juveniles a niveles superlativos en contra de la rutina adulta que se habitúa al ritmo de su vida en la armonía doméstica. El terror puede ser así otra forma de reivindicarse en contra del mundo de los mayores.

-El cine y la literatura de terror siempre revelan secretos de quiénes somos.

-Es el combate entre la luz de la razón y el miedo de la loca de la casa que puede ser la cabeza frecuentando ámbitos sobrenaturales, vampirescos, lo que bien define un cuento de Edgar Allan Poe, El entierro prematuro, en el que su personaje regresa de la oscuridad sepulcral a la vida terrenal luego de tener una pesadilla en la que supone estar enterrado vivo. Siempre, tras la armonía de los días, se esconde algún misterio. O ¿acaso el vecino al que saludas todas las mañanas cuando recoge el diario, que alimenta a su gatito con platos tibios de leche, no sorprende al vecindario cuando sabemos que fue el autor de un crimen?

-El cine de terror es eminentemente subversivo.

-¡Sobresalta a las buenas conciencias! ¡Es lujurioso en clave vampiresca! ¡Ateo en la clave científica de Frankenstein, que hace de su doctor un reemplazo efectivo de Dios, aunque condenado a la maldición de sus herejías! ¡Habita la noche como un reino donde la familia burguesa es amenazada por licántropos! ¡Descubre lo inesperado en los monstruos! ¡Nos sugiere que cualquier buen ciudadano es capaz de vampirizar a otro en términos laborales!