La pobreza no es sólo una condición económica paupérrima, en la que viven miles de panameños, es también un problema social y cultural. Por lo tanto, enfrentarla eficazmente va más allá de la generación de empleos o la construcción de escuelas y hospitales. Demanda la integralidad de la política social del Estado hacia los más pobres entre los pobres.
Históricamente ha existido una relación fragmentada entre los pobres extremos y el Estado en la medida en que la ejecución de las políticas sociales existentes no ha logrado superar los obstáculos que impone la propia complejidad del fenómeno de la pobreza extrema. Este elemento ha incidido significativamente en la poca efectividad que las políticas sociales han tenido frente a la realidad que vive esta población, y, por lo tanto, en la persistencia crónica del problema.
En el caso panameño, una de las características más preocupantes del fenómeno es la persistencia generacional de la pobreza geográfica durante décadas. Dicho de otra forma, los padres y abuelos de los que hoy son pobres extremos probablemente también lo fueron, y si hoy no se toma ninguna acción contra este fenómeno, existen grandes probabilidades de que los hijos y los nietos de los que hoy lo son también lo sean.
Probablemente, razonamientos fundados en posiciones del individualismo egoísta interpreten que "la pobreza es un problema propio de cada quien", que "cada cual debe resolver su problema como pueda", o "el que no quiere salir de pobre es porque no quiere". Sin embargo, esta visión del problema ignora que los pobres extremos han acumulado desventajas individuales y colectivas que hacen impensable la superación del problema, sin la intervención directa del Estado mediante políticas sociales capaces de actuar dentro de la complejidad del fenómeno.
Para ilustrar lo anterior, según estudios realizados, los pobres extremos mantienen altos índices de desnutrición, incluyendo a la madre embarazada, y a los niños en edades críticas de 0 a 5 años de edad, en donde las secuelas de la desnutrición son irreversibles. El simple hecho de no tener una buena nutrición a lo largo de la vida, dificulta hacer cosas tan cotidianas como trabajar, tener buena salud o, incluso, aprender en la escuela. Si pensamos en que la educación es un vehículo de superación personal, siempre y cuando se le saque el mayor provecho, entonces, cabe preguntarse si ¿con el estómago vacío o con secuelas de desnutrición crónica y/o mala salud, será posible aprovecharlo?
La realidad indica, por ejemplo, que para elevar los niveles educativos de los pobres extremos, aparte de construir escuelas y nombrar maestros, es necesaria la ejecución de una política social integral capaz de incidir en las formas de pensamiento y capacidades de cada cual.
Esta es la realidad a la que el Presidente de la República ha decidido hacerle frente con responsabilidad, pero sobre todo, con respeto hacia los que menos tienen, reconociendo su valor e importancia para el desarrollo nacional, y reafirmando que el Estado tiene una responsabilidad social para con los más necesitados.
La misión es enfrentar la pobreza extrema por medio de una herramienta intersectorial que conjuga el producto de una política social integral, dirigida a combatir la pobreza extrema de más de medio millón de habitantes del país, denominada Red de Oportunidades. Ésta es un entramado interinstitucional dirigido a atender las necesidades y demandas de la población en pobreza extrema y las localidades donde residen. Representa un esfuerzo del Gobierno Nacional por enfrentar y asumir, con eficiencia y coherencia intersectorial, la deuda social que pasadas administraciones han dejado con los más pobres.
Es un compromiso institucional por ir más allá de conocer la pobreza, y conocer a los pobres extremos con nombre y apellidos, los que residen en las campiñas y montañas apartadas de nuestra geografía nacional, en condiciones, muchas veces, infrahumanas, y a los muchos que viven en centros urbanos sin poder beneficiarse de las ventajas que estos ofrecen. Por lo tanto, esta iniciativa pretende brindar el apoyo y las oportunidades a aquellos que se encuentran excluidos y marginados del desarrollo nacional.
Sin embargo, el elemento que hace la diferencia entre la Red de Oportunidades y programas anteriores es el compromiso que asumen los hogares con el Estado, por mantenerse participando de la Red. Al final, este compromiso entre hogares y Estado, se convierte en un compromiso de los jefes de hogar por el futuro de sus hijos e hijas, a través de garantizarles salud y educación.
En definitiva, la Red de Oportunidades es el instrumento que busca enfrentar la pobreza extrema de forma integral, teniendo siempre presente que la pobreza, en última instancia, no es solo una cifra, sino seres humanos con aspiraciones y visiones del mundo; que día a día luchan inten
samente por subsistir y que tienen derecho a una mejor calidad de vida. Este es el compromiso del Presidente y del Gobierno Nacional.