Quedó demostrado, Martín es mejor candidato que presidente. Lo vimos dar un discurso fogoso, que no ofrece en su ejercicio como presidente de la República. Pasó como si estuviera rindiendo cuentas al país de los supuestos logros obtenidos en su gestión, pero no habló de sus ejecutorias como secretario general, con lo que mostró –como ha sido su tónica habitual– un desprecio total por los delegados que asistieron al congreso del PRD.
Hablar de sanar heridas, en un discurso político, nos lleva a analizar el alcance de las heridas. Vimos a un secretario general que no rinde cuentas y vimos malos tratos a los delegados que no son adeptos al laso candidato de Martín. Lo que es peor, la arrogancia que se vestía de tri color cuando se paseaba al lado del ex presidente Balladares sin saludar, eso demuestra que en vez de sanar heridas Martín se dedicó a echarle más sal. Sus razones tendrá, pero para dar un discurso como el planteado hay que tener una cara más dura que el concreto que se gastó en la construcción del estadio nacional.
Martín, en su afán de sanar heridas dentro de los suyos, habló de que había más gente de la que cabe en un supermercado, cuando a quien hizo referencia puede haber empleado en sus empresas y afiliadas, más personas de las que votaron ese día por Martín. Amén de que con dicha alusión olvida que tiene sectores de otros supermercados que lo ayudaron también a llegar al poder. Igual pasó cuando hizo mención de banqueros y él mismo impulsó la candidatura de uno, un completo desconocido a la quinta subsecretaría.
Hay que ser serio presidente, no podemos hablar de sanar heridas, cuando tiene a más del 80% de la población golpeada por el hambre y la miseria. Si no se es del partido gobernante no te llega la Red de Oportunidades ni el Prodec y mucho menos un empleo. Hay que ser más serio al hablar de sanar heridas, cuando todavía los familiares de los obreros, esos mismos que te apoyaron, lloran a sus víctimas y esperan justicia. Sanar heridas significa aceptar errores por los desastres administrativos, muertes por envenenamiento, el alto costo de la canasta básica, así como los actos de corrupción bochornosos que golpean a la educación, sin contar las famosas coimas.
Aunque el PRD tenga la cantidad de inscritos que tiene, no representa a la mayoría del país, muestra de ello es que ni la mitad de los inscritos votaron en las internas y, según los diarios, casi 700 delegados faltaron al circo romano que se preparó para sacrificar a un vacuno. Al final veremos qué tanta sal terminó Martín echándole a las heridas de su propia gente. En definitiva las heridas no sanarán y como conclusión del congreso, salieron a relucir dos agendas claras y definidas. La primera, que el PRD con sus invitados dio muestra de hacia dónde quieren ir y no es más que al polo izquierdista radical que lidera Hugo Chávez en Sudamérica, su discurso y retórica los desenmascaró y, la segunda, que demostró que por el otro lado, tanto Navarro como Balbina salieron con puñales en mano en busca del tiquete presidencial y en donde Martín no podrá imponer su dedo. Así veo las cosas y así las cuento.